Protagoniza en teatro Las descentradas. “Mi personaje es una mujer desesperada en busca de la libertad, que muta del cinismo a la infelicidad, a odiar a su marido con pasión y que encuentra en el humor un modo de vida”, describe la actriz.
Despojada de su habitual traje de villana televisiva, la actriz Eleonora Wexler protagoniza en el porteño teatro Regio Las Descentradas, una pieza de 1900 en la que se cuestionan las imposiciones a la condición femenina y se ponen en jaque antiquísimos -aunque contemporáneos- preconceptos vinculados al amor, la familia y la felicidad.
Escrita en 1922 por Salvadora Medina Onrubia, anarquista confesa y polémica madre soltera, esta pieza con visos autobiográficos presenta la historia de Elvira Ancizar, la atractiva esposa de un influyente ministro a quien desprecia profundamente.
“Mi personaje es una mujer desesperada en busca de la libertad, que pasa por muchos colores, que muta del cinismo a la infelicidad, a odiar a su marido con pasión y que encuentra en el humor un modo de vida”, indicó Wexler.
“Es muy atractivo y apasionante hacer este personaje -destacó- porque ella es como un torbellino y a la vez como una cebolla, que se va deshojando de a poco y te muestra cada una de sus capas”.
Dirigida por Eva Halac y acompañada por Roberto Vallejos, Guadalupe Docampo, María Urdapilleta, Agostina Degasperi, Facundo García Dupont y Ernesto Claudio, entre otros, Wexler bucea en la angustiante realidad de quien se siente preso de su propio destino.
Resentida por su desgraciada condición de mujer infelizmente casada, pero no del todo consciente de la posibilidad de torcer aquel rumbo, Medina Onrubia propone un viaje por la catártica desazón de una esposa que descree del amor y ostenta una mentalidad polémica para su época.
Acida, cínica y brillante, Elvira maldice permanentemente contra los “chanchullos” políticos de su marido y se jacta, públicamente, de que la felicidad no es una condición posible para mujeres como ella.
“La autora quiere contar la historia de las descentradas que nunca encajan en ningún lado pero, en el fondo, no deja de ser una historia de amor”, advirtió la actriz que ganó un Martín Fierro en 2009 por su papel de Juana, una inescrupulosa villana en la tira Valientes, de El Trece. “A ella -agregó- la única salida que le queda es el humor y la insolencia, hasta que se enamora perdidamente y siente con alegría que va a transformarse en una mujer vulgar, de esas que lavan pantalones y hacen la comida”.
Pero, como todo melodrama, el amor nunca aparece por la puerta de adelante: llega, incómodo e irrealizable, de la mano de Juan Carlos Gutiérrez (Vallejos), un periodista comprometido con Clara (Docampo), la ingenua y joven amiga de Elvira a la que conoce desde que era pequeña. “Y es el amor el punto de quiebre del personaje, porque cuando se enamora deja de reírse, pierde el humor y se hace común a las otras; a esa que buscaba ser extraordinaria pero el amor la iguala con el resto”, explicó la actriz.
No sólo la universalidad de las penas del corazón hacen del texto un entramado contemporáneo, sino que las preguntas que genera respecto a la condición femenina lo convierten en una declamación que, rápidamente, adquiere una vigencia absoluta.
Reconocida por su trayectoria televisiva, Las Descentradas es el primer protagónico de Eleonora en teatro, luego de brillar en La Profesión de la Señora Warren, de Sergio Renán; La Hija del Aire, de Jorge Lavelli y El Descenso del Monte Morgan, de Daniel Veronese.
Consciente del cambio de registro, la actriz señaló que a diferencia de la pantalla chica, donde “el personaje se va armando de a poco con el autor, en el teatro ya está planteado un desarrollo, de principio a fin, y el espectador lo vive enteramente con vos”.
“Acá no hay primer plano, ni plano medio, ni nada: estás con tus compañeros llevando adelante el vivo, donde percibís lo que le pasa al público en tiempo real y recibís lo más importante que son los aplausos”, describió la actriz.
Las Descentradas se presenta de jueves a domingo en el Regio hasta mediados de julio y luego Wexler se abocará a los ensayos de Cock (pene, en inglés), una obra dirigida por Daniel Veronese.
En esa oportunidad, la trama que compartirá con Leonardo Sbaraglia y Diego Velázquez abordará la historia de una pareja gay formalmente constituida que se tambalea por la aparición de una atractiva mujer.
“Es como un absurdo, descontracturado por donde lo mires, y para mí como actriz es jugar otro juego, armar otro muñeco. Eso es lo que amo de este trabajo”, concluyó Wexler.