La interprete destaca la metáfora de la obra de Damian Valgiusti, dice que le causa gracia ver a su tía Nora de panelista en TV y recuerda las enseñanzas de su abuelo Homero Carpena.

Luciana Ulrich nació en una familia de artistas. Es nieta de Homero Cárpena, un mito del teatro y del cine nacional, hija de Claudia Cárpena y sobrina de Nora. Como si llevara las tablas en la sangre, no recuerda haberse planteado alguna vez qué sería de grande. Lo supo desde chica: quería ser actriz. Y cumplió su sueño. Desde muy chica se dedica al teatro independiente ("Prohibido suicidarse en primavera", el ciclo de radioteatro "Prueba de amor", "La malasangre", "La fierecilla domada"), aunque también realizó participaciones en televisión ("Cuéntame cómo pasó", "Malparida", "Un cortado", "Sálvame María", "Rebelde Way") y teatro comercial ("Taxi 2", "Flores de acero").

Actualmente, protagoniza "Dos plazas y media", de Damián Valgiusti, con dirección de Gimena Romano Larroca y Damián Valgiusti -quien además co-protagoniza la obra- en El Camarín de las Musas, los lunes a las 21, en una obra metafórica y muy poética que plantea la lucha humana para sobrevivir a una catástrofe. Pero además de esta joyita del teatro independiente, Luciana se sumó este año al elenco de "Mi mujer se llama Mauricio", comedia donde interpreta a Malala, la mujer del personaje de Matías Alé, y que reestrenará en el verano en Mar del Plata.

¿Qué fue lo que más te atrajo de "Dos plazas y media" cuando te llegó la propuesta?

-Puntualmente, que es una gran metáfora. Habla de sobrevivir, de salvarse, y plantea la elección de salvarse sólo o de salvarse con otro. El texto es muy bello.

¿Qué influencia tuvo en vos haber crecido en una familia de artistas?

-Una influencia total. No recuerdo haber querido ser otra cosa que actriz. Primero quise ser bailarina, a los 10 años, pero a los 12 dije que quería estudiar teatro. Ya lo tenía decidido. En mi adolescencia, cuando cursaba la secundaria y mis compañeros se planteaban qué hacer en el futuro, yo ya sabía.

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¿Te acompañaron tus padres en esa decisión? Porque a veces los artistas intentan que sus hijos se dediquen a una profesión menos "incierta"...

-Por suerte, sí. Se dio de una manera muy natural. Mi abuelo, Homero Cárpena, me dijo: "Bueno, está bien, si querés estudiar teatro, andá a las escuelitas, hacé lo que todos hacen, pero si querés ser actriz, lo que tenés que hacer es teatro. Hacé teatro todo el tiempo". Y eso es lo que hago. Me dediqué al teatro independiente y no lo dejo. Cuando sale teatro comercial, lo hago, como también he hecho tele. Pero en el teatro independiente me sigo formando. Mi abuelo me hablaba de eso. Me decía: "Si no tenés trabajo, tenés que hacer teatro igual". Fue mi primer maestro. Mi abuelo, mi madre y mi tía siempre nos han hecho vivir el oficio de manera muy natural. Ser actriz es una forma de vivir. Aun así, es una elección. De hecho, mis hermanos (Martina Ulrich Cárpena y Homero Carabajal Cárpena) son músicos.

¿Recordás cuándo sentiste por primera vez que el teatro era lo tuyo?

-Sí recuerdo una experiencia que fue llegando a la adolescencia, en la que si bien yo ya sabía que había algo que tenía decidido, eso fue definitorio. Mi mamá me llevó a ver una obra en la que actuaba Miguel Ángel Solá. Yo tendría unos 12 años, no sabía quién era él y le dije: "Mamá, ese hombre tiene la voz de Dios". Me acuerdo que me pareció tan maravillosa su voz, hoy entiendo que no era sólo su voz, sino su forma de decir y su forma de estar arriba del escenario, que me conmovió muchísimo y terminó de decirme a ser actriz.

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