Nora Cárpena describe la relación que mantiene con el miedo, reflexiona sobre el impacto que le provoca sentir temor y da cuenta de las conductas que desarrolla cuando atraviesa una situación angustiante.
l ¿Cuál es su definición más aproximada del miedo?
-Cuando era un poco más joven me preguntaba a menudo por el miedo y hace muchos años lo transité. En esos momentos, luego de reflexionar largamente sobre el tema, arribé a la conclusión de que para mí el miedo era ver sufrir o perder a los seres que amo. Yo no quería y no quiero pasar por eso. Sé que, en algunas ocasiones, se atraviesa por esas circunstancias y eso, verdaderamente, me da temor.
l Haciendo una mirada retrospectiva, ¿era usted una nena miedosa?
-No, para nada. No recuerdo haber tenido los miedos tradicionales o clásicos que experimentan algunos chicos durante la infancia. Quizá, he perdido la memoria de esas cosas.
l Hoy, como adulta, ¿cuáles son los principales temores que la habitan?
-Que le pase algo a la gente que quiero.
l ¿A causa de alguna enfermedad o de la inseguridad?
-A causa de cualquier cosa. Ya se por un tema de salud, de inseguridad o lo que fuere. No quiero ver sufrir a la gente que quiero.
l ¿Vive obsesionada con ese tema?
-No. De lo contrario, me volvería loca. Trato de hacer lo posible para que no me gane el miedo.
l ¿Se ha privado de algo por sentir temor?
-Pienso que no.
l Cuando se enfrenta a una situación que le provoca temor, ¿cuál es su conducta habitual?
-En realidad, paso por varias etapas. Algunas situaciones, me paralizan y en otras acciono.
l ¿Combate sus temores con terapia?
-No. Es más, jamás hice terapia.
l ¿Recurre a medicación?
-No. Tampoco tomo remedios.
l ¿Se las arregla sola?
-Y como puedo.
l ¿Y cómo puede?
-Creo que bastante bien. Quizá no me han pasado cosas tan graves como para sentir que necesitaba terapia o medicación. No es que esté bien o mal. Soy así.
l Cuando un temor la asalta, ¿la procesión va por dentro o lo manifiesta?
-Rezo.
l ¿No cuenta lo que pasa?
-No. Porque no quiero preocupar a los demás. En este sentido, soy bastante reservada.
l Cuando un ser querido le manifiesta que tiene miedo, ¿qué hace?
-Si considero que está dentro de mis posibilidades, trato de ayudarlo y de aconsejarlo. A veces, lo aceptan y, en ciertas ocasiones, no. A veces, quiero ayudar, pero no lo hace bien o no sabe cómo hacerlo.
l ¿Siente que a usted hay gente que le tiene miedo?
-No, para nada. Jamás pensé en esa posibilidad.
l Y usted, alguna vez, ¿le tuvo miedo a alguien?
-Sí. Cuando era chica iba al colegio de monjas y le tenía miedo a la Hermana Superiora. Cuando oía el "chin, chin chin" de su Rosario me daba miedo pero, con el tiempo, descubrí que era un ser humano maravilloso.
l De ella, ¿qué le daba miedo?
-No sé. Tenía una personalidad muy especial. Cuando venía caminando por los pasillos del colegio y el ruido de su rosario anunciaba que venía, me daba un susto terrible.
l En líneas generales, ¿la religión le incrementó los temores o la ayudó a disiparlos?
-Me ayudó a disuadirlos.
l Antes de un debut, ¿qué le sucede?
-¡Ay, me quiero ir a mi casa! A lo mejor eso es pánico escénico. En general, me pregunto: "¿Qué estoy haciendo acá? ¿Por qué no me quedé en Quilmes como docente o como asistente social?".
l ¿Y qué se responde?
-Que esto es lo que me gusta, es lo que me interesa y que forma parte del placer.
l ¿Qué sensación física le aparece?
-Mariposas en el estómago.
l ¿Lo que se siente cuando uno está enamorado?
-Tal cual.
l Entonces, no es una fea sensación.
-No, pero es una sensación de inquietud. No sé. Empiezo a pensar qué pasaría si en vez de salir al escenario, salgo a la calle y me voy a mi casa.
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