Pablo Rago, Calu Rivero y Gerardo Romano protagonizan este thriller político que toma varios elementos de la realidad para realizar una interesante analogía

Si la realidad diaria, con personajes que van y vienen en la actualidad política, ya le parece un delirio prepárese para ver una suerte de rejunte de todo esto, y encima ambientado en plena Argentina de 2001.

El sexto film de Alberto Masliah, un cineasta que oficia como docente en la Universidad de Buenos Aires y suele alternar documentales (Negro Che, los primeros desaparecidos, El último quilombo, Yenú Kade: Cristiano bueno y En el cuerpo) con ficciones (Schafhaus, casa de ovejas), intenta ser una mezcla de estos dos géneros.

La película está ambientada en Buenos Aires durante la crisis de 2001, Marcelo Dimmarco (Pablo Rago), un escritor devenido en periodista, debe volver sobre los últimos pasos de Tonio, su padre (Roberto Carnaghi), un consagrado intelectual con un pasado de militancia política y lucha armada, de quien se encuentra profundamente distanciado cuando muere en condiciones extrañas.

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De la mano de Carolina (Calu Rivero), la ex secretaria de su padre, Marcelo se sumerge en un mundo oscuro, lleno de violencia y ambiciones de poder, enfrentándose a “El Loco” Bertolini (Gerardo Romano), un ex compañero de Tonio que se pasó del bando de los guerrilleros al de empresario y ahora coquetea con la obra pública y los negocios inmobiliarios.

Pero el peligro no solo lo acechará a él sino también a los suyos. ¿Podrá Marcelo encontrar los verdaderos motivos de la muerte de su padre?

La película, que en un principio se presenta como un policial, resulta confusa debido al poco tratamiento que el director y guionista le presta a la explicar con más claridad qué es lo que mueve Marcelo y a Tonio a distanciarse, y el espectador, al perder la base, encuentra todo el resto algo superfluo y difícil de seguir.

Otro aspecto cuestionable es la cantidad de clichés que tiene el guión, comparable a los lugares comunes de los diálogos, que se deben haber repetido no menos de 15 veces en los últimos diez años.

Por el contrario, los actores hacen maravillas para hacer creíbles a sus personajes. Si no es la mejor actuación de Pablo Rago le pega en el palo, a pesar de que lo visten como un investigador privado y lo hacen tomar whisky de una petaca. Gerardo Romano, Atilio Veronelli y Gustavo Garzón destilan oficio, en tanto que las pequeñas muestras de Roberto Carnaghi demuestran por qué es un honor y un prestigio contar con él en un elenco. En la vereda de enfrente, Calu Rivero.

Con una edición bastante buena, el otro punto fuerte de esta película, es la musicalización de Mariano Fernández, muy competente en la materia, y que consigue crear buenos climas.

Ficha técnica

El sonido de los tulipanes (Argentina, 2018) Dirección: Alberto Masliah. Guion: Lucas Santana, Hernan Alvarenga, A. Masliah. Música: Mariano Fernández. Fotografía: Mariana Russo. Actores: Pablo Rago, Gerardo Romano, Roberto Carnaghi, Gustavo Garzón, Calu Rivero, Atilio Veronelli, Ana María Castel. Duración: 96 minutos. Clasificación: apta para mayores de 13 años.

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