Comenta que hoy hay “mas libertad para actuar”, pero al mismo tiempo mas presion porque la responsabilidad es mayor. El exigente trabajo de las tiras no lo agota sino que lo enriquece en su profesion, dice.
Con la reciente experiencia de La Dueña a cuestas, Raúl Taibo analiza los nuevos tiempos de la televisión. Con un paso en la miniserie internacional Lynch junto a Natalia Oreiro y el cubano Jorge Perugorría y el eco que aún resuena de la otrora Malparida, este actor se centra en la excesiva responsabilidad que se le endilga al protagonista en el buen funcionamiento de las ficciones y las compara con los días en que brillaba con culebrones como Una Voz en el Teléfono, Mujercitas y 90-60-90 Modelos, entre tantísimas. "Son otras épocas, es diferente, ha cambiado todo y uno también cambia. Me parece que el ritmo ha cambiado, el sistema de trabajo cambió mucho. Se apoyan muchísimo más en los actores, en la actuación, en lo que el actor tiene más que en el libro, en la dirección, en la estructura, en el guión. Está todo mucho más enfocado en el actor como el que tiene que sostener la historia y mandarla al frente", señala Taibo.

¿Extrañás las épocas en donde había otra construcción de la telenovela desde tus inicios con Piel Naranja en los 70, las que encaraste con Andrea del Boca, Andrea Celeste y Señorita Andrea en 1980 a las más actuales como Por Amor a Vos, La Ley del Amor o Herencia de Amor?

-No extraño el sistema de trabajo, sí extraño eso que te pasa cuando sos más joven que tenés más para conocer, para aprender, para sorprenderte. No se extraña porque yo creo que ha evolucionado todo y ahora tenemos infinitas más posibilidades que en aquellas épocas. Lo que se ha hecho es el trabajo mucho más intenso y más rápido. En mucho menos tiempo se elabora lo que antes se hacía en muchísimo más tiempo. Ahora hay una posibilidad diferente de mostrar la historia en cámara y más permiso, más libertad para contar. La dirección tenía mucha más participación, ahora lo tiene la técnica. Es más liviano mientras lo hacés pero también hay mucha más presión y mucha más tensión en la previa. En el momento de actuar, de hacerlo, es fantástico. Para mí mucho mejor es tener más responsabilidad, que al actor se lo priorice. También uno está más expuesto. Son épocas.

Raúl Taibo hace un mohín de complicidad y, enseguida, dice adaptarse naturalmente a los nuevos códigos. Tanto como a la intensidad de trabajo que le deparó encarar el personaje de La Dueña junto a Mirtha Legrand. "Creo que pasa en todas las producciones de televisión, salvo que haya tiempos para elaborarlo, para ensayar cosa que mucho no hay. Nosotros tuvimos una pequeña reunión al principio, definimos los personajes y nos fuimos ciñendo de acuerdo a lo que el actor va marcando en el libro y algo que cada uno aporte", sostiene el hombre de ojos azules que supo engalanar un sinnúmero de telenovelas.

¿Cómo se experimentó la vuelta de Mirtha a la actuación tan de cerca? ¿Pudiste trabajar codo a codo como un par?

-Sí porque ella es todo eso. Está formada como actriz, es un par mío. Después el resultado de su faceta social y de su personalidad también, le dio ese mote de diva, pero se puede separar. Conozco a Mirtha de chico. Para nosotros fue como muy natural. Pudimos charlar de otras cosas cuando nos quedaba tiempo o mientras estábamos esperando hacer las escenas. Pudimos hablar de trabajo y de otras cosas en cada escena.

Desde 2008 al menos con La Ley del Amor, Por Amor a Vos, Herencia de Amor, Malparida, La Dueña y ahora Lynch, no parás de encarar tiras diarias, algo a lo que tantos actores le escapan o evitan repetir seguidamente. ¿Sentís el agotamiento de aprovechar cada ofrecimiento televisivo y no dejarlo pasar?

-No. No estoy agotado de la tele. Del trabajo en realidad uno no se agota. Todo lo contrario, se enriquece o se dignifica con el trabajo. Malparida fue muy intensa, surgió otra propuesta y así varios años. A mí lo que me importa es el buen trabajo, no me fijo si es una tira diaria o no. Uno lo agradece. Por lo menos en el caso de los actores, creo que tenemos que dar gracias a tener trabajo con continuidad.

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