El periodista, y co-guionista del film El Ángel, habló con POPULAR y contó como fue el proceso de retratar a uno de los criminales más infames de la historia policial argentina.

Este jueves, llegó a los cines de la Argentina la película El Ángel, basada en la historia de Carlos Robledo Puch, considerado erróneamente como “el primer asesino serial de la Argentina”, y que tras 46 años en la cárcel se ha convertido en el preso más antiguo del país.

POPULAR habló con el periodista de policiales Rodolfo Palacios, autor de El Ángel Negro, el libro que inspiró el guión de la película dirigida por Luis Ortega que protagonizan Lorenzo Ferro, Chino Darín, Mercedes Morán y Daniel Fanego, entre otro. Pero, tras aclarar que “la película es una inspiración muy libre en los hechos reales”, Palacios le contó a este medio cómo hizo para realizar el retrato de uno de los criminales más peligrosos del país, y también uno de los más difíciles de entrevistar.

“Yo leí en 2002 o 2003 una crónica de Osvaldo Soriano que se llama “El Caso Robledo Puch”, publicada en 1972, y me apasionó su historia, al punto que entrevisté a Osvaldo Raffo que es el perito de toda la vida”, explicó Palacios. “Me apasionaba la historia de Robledo, que era el más famoso de nuestros criminales, el que tenía cara de niño, cara de Marilyn Monroe, cara angelical y que mató por la espalda a 11 personas. Era la dualidad hecha persona”, agregó.

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Pero a pesar de su intención, a Rodolfo le tomó unos cuantos años poder acercarse al delincuente. “En el 2007 le envié una carta y, sorpresivamente, me la respondió y durante un año lo visité 10 veces en Sierra Chica. Y no sólo eso, ya que además me envió 40 cartas y se dio una relación entre ambos en la que él veía que yo podía ser su albacea, que podía escribir su libro”.

Claro que concretar cada visita se convertía en una verdadera odisea, que obligó al periodista a maximizar cada encuentro. “Viajaba desde Buenos Aires hasta Olavarría, y de ahí me tomaba un micro “tumbero” hasta Sierra Chica, que estaba a unos 11 kilómetros. Y ahí tenía que esperar para hacer una visita “familiar” y someterme a requisa”, relató.

Pero la mayor sorpresa que se llevó el periodista fue que, como él mismo explica, no se encontró con un asesino despiadado como lo retrataba la prensa, sino “con un hombre que era una cáscara de sí mismo., un hombre derrotado”.

“Ví en él una gran negación por los crímenes que cometió, al punto que él mismo se creía esa mentira. Él decía que tenía un plan y le echaba la culpa de las muertes a los dos cómplices, que justamente estaban muertos: a uno lo mató él con un soplete y al otro se sospecha que lo asesinó en un misterioso ´accidente de tránsito´”, recuerda Rodolfo.

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“Me encontré con un hombre desesperado pero al mismo tiempo consciente de que se iba a morir en esa celda ya que pasó la mayor parte de su vida prensa. Entró a los 20 y lleva 46 años en la cárcel y es el preso más antiguo de la Argentina. Vivió motines, todo tipo de vejámenes; y por eso te decía que me pareció que es una cáscara: cada tanto tenía un atisbo, una señal de lo que fue antes. Cuando hablaba de sus padres, de su infancia, ahí salía el verdadero Robledo Puch, el más puro. Cuando uno entra en la cárcel y pasa más de cinco años, se contamina; pero cuando hablaba de la familia o yo le llevaba una camiseta de River Plate (su cuadro favorito), recordaba con emoción”, agrega.

Además, el autor recuerda un aspecto de Robledo Puch que le llamó la atención y que lo puso al tanto de que estaba frente a un hombre que no había cambiado. “Se veía en su mirada. Fernández Días la describió alguna vez como “la mirada del mal”. Es una mirada que te sigue, que parece que te está mirando todo el tiempo. Él estaba lleno de odio. Recuerdo que en un momento me hizo escuchar un cassete con el tema “Masacre en el puticlub” de Los Redonditos de Ricota y decía que estaba dedicada a la masacre de Cromañón, como que se burlaba de otras tragedias. Pero más allá de todo lo malo que haya sido, hasta él tiene un poco de luz”. Reconoce.

Cuando se le consulta sobre si cree que haya alguna esperanza para con el reo, Palacios se resigna. “Lamentablemente, la cárcel no recupera a casi nadie. La cárcel debe ser resociabilización y readaptación y con Robledo y la mayoría de los presos ha hecho todo lo contrario. Por eso, cuando dicen que los presos salen peor o reinciden, es verdad. En el caso de Robledo, se ha destruido un hombre; pero el primero en atentar en su contra fue él mismo al matar a su primera víctima”

A la hora de calcular, las posibilidades de que algún día recupere la libertad, el escritor mantiene un pronóstico pesimista. “Él, por ley, ya está en condiciones de salir pero es difícil que un juez se anime a firmarle la autorización. Han salido los Puccio y los responsables del motín de Sierra Chica, pero él se queda. Es el único con el que se está cumpliendo la condena, con creces, y eso un poco lo termina convirtiendo en una suerte de mártir; en un preso mártir”, culmina.

Además de El Ángel Negro, Palacios también es autor de Conchita (Ricardo Barrera, el hombre que no amaba a las mujeres), El Clan Puccio (la historia definitiva) y Sin Armas ni rencores (El robo al Banco Río contado por sus autores).

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