Ya pasaron 365 días de aquel día que jamás olvidarán. Eran 77 personas a bordo de un avión camino a cumplir el sueño de sus vidas: jugar la primera final continental de la historia de Chapecoense, un club sin pasado, sin pergaminos. El desenlace de la historia es conocido: el avión se cayó en Medellín, Colombia, donde debían aterrizar, y solamente seis sobrevivieron en la tragedia que conmovió al mundo. A un año, cómo siguieron sus vidas.
A quien era el tercer arquero del plantel tuvieron que amputarle una pierna. Pero no se alejó del fútbol: con la pierna ortopédica que le pusieron, aspira a participar en los torneos paralímpicos. Pudo volver a entrenar y, aunque todavía no está completamente adaptado a la prótesis, está cerca de regresar a las canchas. A los 26 años, se casó con su novia y se transformó en un ejemplo de superación para los nuevos futbolistas del club.
Es el único sobreviviente que pudo volver a jugar al fútbol profesional. Lo hizo 239 días después de la tragedia en Colombia en un amistoso. Y con la misma camiseta: continúa vinculado al Chapecoense. Fue el gran protagonista del homenaje del Barcelona en el Camp Nou, y hasta fue titular en el empate 0-0 de su equipo con Flamengo por la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana de este año. Algunos días atrás, firmó un contrato de patrocinio con Adidas.
Es el tercer futbolista que sobrevivió, pero todavía no pudo volver a jugar al fútbol ya que se sometió a diversas operaciones, entre ellas una de la rodilla. Con esa recuperación, tuvo tiempo para escribir un libro: "Puedo creer en el mañana", un texto que relata la angustia que vivieron en el avión y su experiencia como sobreviviente. Él pudo viajar en avión rápidamente: volvió a Medellín y fue a Roma para reunirse con el Papa Francisco. En 2018 espera regresar a las canchas.
Era periodista de la cadena Fox Sports: viajaba a Medellín para participar de la transmisión del partido. Fue uno de los primeros en salir con vida del accidente. Ahora da entrevistas y sigue la campaña del Chapecoense en radios brasileñas. Él también escribió un libro. Y fue otro de los que se pudo subir a un avión al poco tiempo: 50 días después estuvo en un vuelo comercial.
Era la azafata del vuelo de Lamia tiene 28 años y es madre soltera de dos chicos. Boliviana, oriunda de Santa Cruz de la Sierra, se sumergió en una profunda recuperación psicológica y psiquiátrica: cayó en una depresión muy grande de la que salió con un fuerte apoyo familiar. Ahora se dedica a dar charlas: voló a La Paz, a Colombia y a Brasil, pero siempre lo hizo medicada.
Era el técnico del vuelo, y el primero en recibir el alta médica. Sin embargo, desapareció de los medios. Le escapa. Se sabe, sí, que está en perfectas condiciones médicas.