San Lorenzo pagó bien por repatriar a
Franco Mussis, que tras su paso por el fútbol danés recaló en el Genoa, donde no tuvo lugar y
reconoció que regresa al fútbol argentino para "volver a ser" el que fue. Jugó 33 minutos en el Kobenhavn -donde fue más famoso por
vibrar en la concentración mirando los partidos de Argentina en el mundial que por romperla en el césped-; siete minutos en Genoa por el torneo y 90 por Copa italia.
El Kasımpaşa del competitivo fútbol turco parece ser tierra fértil para los deseos del fútbol argentino: allí le apuntó River para lograr el traspaso de
Tabaré Vuidéz y ahora se traba la operación por las pretensiones del club en el que uruguayo tiene un año más de contrato. Mejor le fue a Lanús, que le vendió a
Matías Fritzler, que ahora rescindió para regresar al Grana.
El salto en su carrera lo devolvió al mismo punto.
Boca repatrió a
Pablo Pérez, que había dejado Newell´s para ampliar sus horizontes en Málaga, donde no tuvo continuidad. El rosarino, entonces, pasará a reforzar un plantel sin estar del todo bien en lo físico, pero principalmente sin tener minutos en cancha desde hace varios meses.
Si bien acá juega el amor, en el Millonario ponen a punto a
Pablo Aimar, que pasó casi un año sin jugar entre operaciones.
En el Johor Football Club de Malasia, su último club, jugó apenas siete partidos desde su llegada en 2012. Este libro de pases no es la excepción; ya en otros hubo casos similares: Gabriel Milito dejó su estadía en Barcelona -también estaba fichado en el club- para volver a Independiente y colgar los botines antes de lo esperado.
Pero hay casos distintos. A la inversa, otros regresaron y le dieron una vueltita más de tuerca:
Mauro Camoranesi llegó para retirarse en Lanús y le quedó resto para seguir en Racing y allí finalizar como profesional.
Christian Gómez también estaba tranquilo en Estados Unidos y volvió al siempre convulsionado Nueva Chicago: dos ascensos consecutivos le dio y ahora,
a los 40, tendrá la 10 en Primera División.
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