La elección de Gabriel Heinze sentó las bases del Argentinos que volvió a la máxima categoría. Y el DT supo darles vuelo a los pibes del semillero, respaldados por los jugadores hechos y de experiencia que tenía el plantel.

En el proceso de transformación al que se sometió Argentinos Juniors, tras asimilar el golpe del descenso, la primera decisión fue elegir un conductor que encabece una campaña que, como única premisa, tenía el regreso a primera. Y así se llegó a Gabriel Heinze. Por recomendación de Enrique Borrelli, el coordinador de fútbol amateur del Bicho, el presidente Cristian Malaspina se juntó con el entrenador apuntado, que solamente corría con una breve y pobre experiencia en Godoy Cruz, y enseguida quedó cautivado por los conocimientos y las ideas del Gringo.

“Nos atrapó su seriedad y su propuesta de potenciar a los chicos. Su ímpetu para superarnos día a día, potenció a los futbolistas, pero también a los dirigentes”, remarcó el titular del Bicho.

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Ya en funciones, poco a poco, Heinze fue moldeando un equipo con sellos distintivos: respeto por el balón, no negociar la tenencia ni el protagonismo, apuesta por la salida clara desde el fondo, presión bien arriba para recuperar la pelota Y ataque con un bloque masivo.

Y a pesar que tuvo unos pasajes con altibajos en el largo torneo (en la primeras siete fechas perdió dos encuentros y empató otros dos), a partir de la goleada que consiguió en Floresta (3-0 a All Boys) en la fecha nueve se mostró arrasador.

El Semillero del Mundo

Dentro de este contexto, se fueron potenciando las figuras con las que el Bicho marcó la diferencia por sobre el resto. Los juveniles formados en el “Semillero del Mundo”, los nuevos Cebollitas para los más veteranos, como Esteban Rolón, Alexis Mac Allister, Nicolás González, Facundo Barboza, Esteban Rueda, como tesoro más divino; o jóvenes que llegaron desde otras canteras aunque sin rodaje de primera, el caso de Iván Colman (Boca) y Francisco Fydriszewski (Newell’s). Todos estos pichones se sumaron a los caudillos Miguel Torrén, Nicolás Freire y Gastón Machín (no jugó demasiado pero sumó dentro del vestuario) y a los que encontraron su mejor versión, el caso de Braian Romero, Guillermo Benítez (volvió de Estudiantes de Caseros), el “Flaco” Lanzillotta y los uruguayos Jonathan Sandoval y Javier Cabrera.

Claro que ahora, tras el cierre de la temporada que incluye el compromiso de Copa Argentina ante Instituto del próximo miércoles 19 en Neuquén, la historia será mucho más exigente para este plantel.

Sobre todo porque, más allá de la continuidad o renovación, deberá afrontar el desafío de sostenerse entre los grandes, con una campaña más que aceptable que le permita no correr riesgos de caer en uno de los cuatro casilleros de descenso.

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