Grupos organizados que dirimen poder en la misma tribuna y se enfrentan en lugares públicos y plateistas que hacen puntería con técnicos del equipo rival o árbitros, sin alterar el desarrollo de los partidos. Un combo que no contribuye a que el público de fútbol deje de ser un privilegio del local.
La iniciativa no tiene fecha de salida, pero se viralizó en varias provincias sin que ningún gobierno se atreva a dar el primero de los pasos. El mendocino fue uno de los interesados en sumarse a la medida y ya tiene un suceso llamativo en su tierra: los jugadores de Chacarita fueron agredidos por la Policía. No fue el único caso y, si se quiere, representa el más naif de los que entregó hasta el momento 2015. En Vélez, otro club que también tiene dos facciones de barras, la falta de entradas otorgadas por parte de la dirigencia originó un enfrentamiento dentro de las instalaciones y la demostración de poder en el último partido como local con hueco en la tribuna para demostrar la ausencia. Una representación que no hubiesen logrado sin la complicidad de "la gente" que no ocupó el espacio que se ostentó vacío.
El clásico entre San Lorenzo y Huracán tuvo una previa en la que el técnico del Globo, Nestor Apuzzo, apeló al más inocente de los recursos posibles para sostener el siempre querido y ponderado "folclore" que tanto le gusta a los periodistas deportivos y fue condenado por hablar de aprovechar ofertas y promociones, en clara referencia al supermercado que se emplaza sobre la que fue la cancha de San Lorenzo y a donde sus hinchas sueñan con volver. Durante el partido, un hincha saltó el alambrado y fue derechito a buscar al entrenador para cobrar venganza y ninguno de los casi mil policías dispuestos al operativo de seguridad lo detuvo a tiempo. El club resolvió expulsarlo como socio en lo que constituye la respuesta más sensata para evitar repeticiones.
Los dos casos no agotan el muestrario: el mismo día del clásico, en la cancha donde Godoy Cruz es local, el masajista de Lanús fue alcanzado por un rollo de papel que no se abrió y debió ser hospitalizado e intervenido por desprendimiento de cornea. Pese a las cámaras y al operativo policial dispuesto, no se encontró al agresor ni determinar si fue un accidente o lo buscaron como blanco, al igual que a Gustavo Alfaro en la cancha de Central en su encuentro ante Tigre.15 mil pesos de multa debió pagar el Canalla, que además debió jugar con Temperley a puertas cerradas. Algo similar al caso de Alfaro sufrió Osvaldo Rodríguez, técnico de Almirante Brown, a quien le tiraron con algo desde la platea y se desvaneció.
Ya son cuatro los casos y pese al esfuerzo de AFA por erradicar la violencia con una campaña en Twitter ypancartas llevadas por los planteles para las fotos, la barra de Laferrere hizo caso omiso del hashtag -acaso no usan la red social o al menos no siguen la cuenta oficial que maneja Marcelo Tinelli-, y marcó el punto más crudo de los enfrentamientos internos que tuvieron como víctimas policías, hinchas y vecinos. La Primera C, como consecuencia, no jugará en horarios nocturnos, además de que Lafe no será local en su cancha en ningún partido de 2015.
Lo llamativo fue que los árbitros, que tienen la facultad para suspender el partido sin que nadie se lo pida ante un suceso como el de Alfaro o Rodríguez de Almirante, suspendió el partido. El técnico de Tigre hizo su mea culpa, por no haber pedido -facultad a su alcance- que se suspenda el encuentro: "Por un idiota no vamos a parar". Más llamativo fue en el partido de la Recopa en cancha de San Lorenzo, donde el propio asistente fue alcanzado con una botella y Néstor Pitana resolvió continuar el juego.
Así como se pensó en prohibición del público visitante para terminar con la violencia y los operativos policiales se multiplicaron tanto como las internas en las barras del mismo club, ahora se estudia el regreso a un entorno en el que ni los criminales organizados, ni los plateistas que entienden al otro como a un enemigo y obran del mismo modo que los delincuentes, perecen estar "preparados" para hacer algo tan tradicional como ir a la cancha, una costumbre que en la Argentina comenzó a principios del siglo pasado. Para terminar con la violencia, al parecer, hace falta algo más que una campaña on line y sobretodo demanda el compromiso de los árbitros, los agredidos, y principalmente, del público.
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