Un gol fue suficiente. El gol lo hizo Boca y determinó el rumbo y el resultado final del superclásico. "Hay que ganar como sea", había afirmado Daniel Angelici en la previa del partido. No se equivocó el presidente xeneize. En el escenario del "como sea", que es hacer lo mínimo y quedarse con todo, Boca acertó un contraataque y después radicalizó una postura netamente especulativa. River mostró todo lo que no tiene.

   Después de la derrota de Boca por 1-0 frente a San Lorenzo, vale reproducir dos frases textuales de Juan Román Riquelme y del presidente xeneize, Daniel Angelici. Dijo Riquelme: "Boca corre mucho, pelea mucho, pero juega muy poquito". Dijo Angelici: "Contra River hay que ganar como sea".

   Las dos frases se correspondieron con la realidad del superclásico frente a River: Boca jugó muy poquito, como adelantó Riquelme y ganó como sea, como pretendía Angelici. Semejante síntesis ya proporciona lo que dejó el partido y el 1-0 a favor de Boca: prácticamente nada. Salvo la inmensa satisfacción boquense por derrotar a River en el Monumental después de la sucesivas eliminaciones en la Copa Sudamericana 2014 y en la Copa Libertadores 2015.

   Históricamente, Boca siempre alardeó en todas las tribunas públicas de quebrar a River a partir de una dosis superior de agallas, temperamento y entrega. De ser más pesado que River. De tener más hombría para bancarse partidos decisivos. Y de poner lo que hay que poner para llevarse la victoria a casa.

   La realidad es que en todos esos perfiles siempre existió demasiada venta de humo. Pero se naturalizó como una parte importante de la realidad futbolística. Y se naturalizó tanto que las  recientes caídas de Boca ante River en el plano internacional se terminaron explicando por un supuesto cambio de roles. En esa metamorfosis que el ambiente interpretó como una verdad revelada, Boca se había ido al mazo y River sacó patente de guapo adentro y afuera.  

   Seguramente a favor de esa conclusión oportunista el Beto Márcico durante la semana previa al superclásico, comentó: "Boca tiene que meter y raspar". Y así fue al Monumental. A meter y a raspar. Y a rodear al árbitro Darío Herrera (de floja actuación) ante cualquier infracción que cometiera el rival. Boca no metió ni raspó más que River. Ni se quedó con los 3 puntos porque presionó al dubitativo Herrera durante los 90 minutos.

   Lo único que hizo para construir la diferencia fue sorprenderlo a River en un contraataque que el uruguayo Lodeiro (entró por Gago, lesionado al minuto de juego) finalizó con un bombazo de zurda que no atajan ni dos arqueros juntos. Ni antes ni después, Boca logró denunciar un funcionamiento. River, tampoco.

   Pero como un gol en el fútbol argentino suele ser una ventaja determinante, porque el que lo hace se mete atrás y el que lo padece no encuentra nada cercano al desequilibrio, el rumbo de los partidos se cocina con los pelotazos que van y vienen. No mostró talento individual ni colectivo Boca. Ni se propuso en ningún momento arribar a ese escenario. Aguantó protegiendo el área de Orión. Y fue muy fiel y obediente a la idea y al "consejo" que les dio Angelici: ganó como sea. Que es una forma de ganar ya institucionalizada en el fútbol argentino. Es hacer lo mínimo para quedarse con todo. Como por otra parte lo expresó River cuando volteó a Boca en la Sudamericana y en la Libertadores. River también ganó como sea. Claro que esta vez le pagaron con la misma moneda.

   Encontrarle grandes virtudes a la victoria de Boca que le permite haber escalado al primer puesto de la tabla, es una alternativa que será recorrida con gran generosidad por amplios sectores. Desde la mirada despojada de análisis que fundamenta que aquel que gana siempre es mejor que el otro, como Boca se impuso, le colgaran medallas. Todas previsibles: que fue inteligente, que el planteo del Vasco Arruabarrena fue muy efectivo y práctico y que aprendió las lecciones del pasado, que Tevez le dio al equipo la mística que le faltaba y una serie de inconsistencias y pavadas por el estilo.

   Esos papelitos en el viento solo sirven para llenar los espacios. Boca funcionó peor que contra esa versión ultraconservadora y utilitaria de San Lorenzo. Frente al Ciclón protagonizó el partido. Y sin embargó cayó por un error del pibe Bentancur que habilitó a Matos sobre la hora, confirmando una vez más que el fútbol nunca escribe certezas. Ante River, fue a ratificar lo que señaló Riquelme: "Boca corre mucho, pelea mucho, pero juega muy poquito". Y sin embargo se fue del Monumental con los bolsillos llenos para que Tevez apele a la demagogia: "Ganamos a lo Boca".

   La verdad es que la ruleta le tiró un pleno en el anochecer del domingo 13 de septiembre de 2015. Como hace unos meses se lo tiró a River. Por eso, que nadie se la crea. Acá no hay grandeza ni épica. Nada de eso. Hay un 1-0 chequeado y firmado. Y una frase efectista con sello bien argentino que según como venga la mano siempre pega muy fuerte: andá a cantarle a Gardel.   
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