El 6 de junio de 2014, en la sala de conferencias del club, Marcelo Gallardo tomó el micrófono y dijo "ahora vamos por más" para explicar que el plantel no iba a relajarse tras haber salido campeón con Ramón Díaz. En la cabeza del entrenador ya estaba gran parte de un plan que, un media década después, marcaría una época

En la cabeza de Marcelo Gallardo estaba el plan que, finalmente, llegó cumplir cinco años después.

1-Proyecto

Todos los entrenadores hablan de proyecto integral a largo plazo, pero muy pocos lo pueden sostener porque las circunstancias en general son despiadadas con ese tipo de ideas. “Yo no sabía si iba a estar muchos años en el club, seguro iba a depender de los resultados, pero la idea de un plan largo era muy fuerte y en un momento de dudas y rumores me di cuenta que la dirigencia con D´Onofrio a la cabeza la iba a sostener a pesar de todo”, confesó Gallardo. La referencia es al verano del 2015, luego de una derrota 5-0 ante Boca en Mendoza.

Ese día Gallardo supo e intuyó que la palabra proyecto se iba a sostener. Los años pasaron y siempre el proyecto se fue diversificado en varios ejes de conducción y acción se sostuvo. Claramente los resultados pudieron sostener todo, pero para el entrenador lo que empuja al resultado es el proyecto, y por más que para muchos sea el famoso dicho del huevo y la gallina, en este caso siempre estuvo en la punta del mástil la bandera del proyecto.

Esta clave se construye planificando cada año, cada torneo, cada pretemporada, cada compra, cada venta, intentando todo el tiempo que las circunstancias eventuales (malos resultados, bajos rendimientos, lesiones, fallos arbitrales, devaluaciones, crisis económicas) no alteren ni generen un cambio de rumbo. River pasó por muchas circunstancias negativas fuertes (hasta casos de doping y una eliminación increíble con Lanús), y sin embargo nunca mostró Gallardo golpes de timón.

gallardo recopa sudamericana

2-Inferiores

Otra frase remanida es el tema de los pibes del club, que cuesta mucho llevar adelante entre las urgencias, las necesidades, los empresarios, los padres y, por sobre todo, el mundo híper mercantil de apurar procesos para vender. Pues bien, Gallardo tenía en su cabeza los problemas de ser un chico de inferiores que entrenaba siempre en lugares distintos y eso le hacía ruido. “No había sentido de pertenencia”, le dijo a este diario cierta vez y agregó que había que hacer del predio de Ezeiza un lugar de referencia para que los chicos vean a los grandes entrenar y proyectar.

Primero se metió de lleno en los cuerpos técnicos de inferiores, luego pidió un Francescoli -que fue Grossi- para todo el área infanto-juvenil, también participó de charlas con padres y chicos, vio decenas de partidos y le dedicó siempre parte de sus horas de trabajo al tema. Todo desembocó en una obra tremenda en Ezeiza de la que le dijo a POPULAR: “Esto es como ganar todas las Libertadores”.

Jamás estuvo tan eufórico Gallardo como en esa inauguración. Hoy ya hay decenas de chicos que se beneficiaron con ese proyecto integral del que se nutre la primera. Santiago Sosa, Cristian Ferreira, Exequiel Palacios y Julián Álvarez son los ejemplos más evidentes de ese proceso. “Las copas quedan en la vitrina y están buenísimas, pero deben servir para apuntalar proyectos que puedan planificar el futuro. Hay que apuntar a que, en algunos años, los chicos del club sean los que conformen el plantel profesional y no necesitemos comprar tantos refuerzos”, suele decir el Muñeco cuando habla del tema.

Boca River Libertadores

3-Títulos

La voracidad ganadora y competitiva de Gallardo está en sus genes. De jugador le sirvió para hacer una carrera tremenda a pesar de que su físico no lo ayudó a ser aún más ganador de lo que su mente podía. Como entrenador lo está consiguiendo. Tiene 11 títulos (incluyendo el de Nacional de Montevideo) en sólo 6 años de trabajo. Además consiguió saldar lo que se llamaba en River como "la deuda externa" ante las complicaciones por ganar torneos internacionales.

Hoy de las 12 coronas internacionales de River, 7 las ganó con Gallardo en 5 años. Las otras 5 se sumaron en 48 años desde 1966, cuando se empezaron a jugar las copas continentales. Sin contar que -de esas 5- en dos estuvo como jugador. Pero el detalle en la mente del DT no es el “qué” ganar, sino más bien el “para qué”.

Algunas vez le contó a este medio: “A mí me gusta ganar para que los jugadores tengan más confianza, para que puedan sostener mejor el crecimiento, para que el club tenga más chances de crecer, para que los pibes vean que se puede con trabajo, pero sabiendo que no es natural ganar todo y que perder es también parte del aprendizaje”.

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4-Clásicos

Las épocas inolvidables se construyen con alegrías, y en el fútbol eso incluye los clásicos. Los tiempos de la Máquina, los tiempos de Labruna, los tiempos del Bambino y los tiempos Ramón, por destacar etapas claves en la historia de River, tienen triunfos varios ante Boca que todo el mundo recuerda casi como los mismos títulos. Esta era de Gallardo los tiene de sobra y con partidos épicos. Todo se empezó a tejer con un gol de Pezzella sobre la hora y bajo la lluvia, que si bien fue empate se festejó con una locura que alimentó el mito.

La eliminación que le propinó en la Sudamericana 2014, la del otro año en la Libertadores con el bochorno del gas pimienta, la Supercopa en Mendoza en la final, la locura de Madrid en la Copa Libertadores del 2018 y dos triunfos en la Bombonera por torneo local, convirtieron esta clave en un factor fundamental que quedará para la historia.

Nunca se vio tanta superioridad en tiempos anteriores. Más allá de las estadísticas y los números fríos que incluyen unos cuantos triunfos fuertes de Boca, como el 4 a 2 en el Monumental tras la eliminación de River en la Copa del 2017, hay algo que es simbólico, porque estaba en el ambiente la noche que el Xeneize sacó al Millo de la Copa en 2004 por penales en el Monumental. Ahora River se vistió de copero, un traje que no tenía y que se lo dan, también, esos cruces con Boca.

RIVER CAMPEÓN RECOPA

5-Pertenencia

Hace algunos años que casi todos los jugadores quieren jugar en River. La camiseta volvió a tener un valor internacional que venía siendo esquiva. La imagen de River jugando ante el Barcelona de Messi, las glorias de las Copas tras partidos heroicos como los que dio vuelta en Brasil, los valores millonarios de los pases, las participaciones en la selecciones mayores y menores, los que se fueron y siguen arengando la camiseta desde todo el mundo y los grandes nombres que volvieron para sumarse a los triunfos, le dan un aire de orgullo por ser parte del proyecto.

Le pasa a los pibes del club que no quieren irse (Montiel o Palacios son muestra), les pasa a los que juegan en el fútbol local y los llama Gallardo (Matías Suárez, Ignacio Scocco o Milton Casco son ejemplos), le sucede a los consagrados que se suman (los últimos casos de Franco Armani, Javier Pinola y Lucas Pratto son elocuentes) y lo viven los que se fueron en algún momento y tejen declaraciones para regresar (Matías Kranevitter, Leonel Vangioni o Leonardo Pisculichi lo hicieron).

El valor de jugar con la camiseta de River volvió a tener un estadío superior. En todo estos años lo que hace mucho más fácil a la hora de retener jugadores que reciben ofertas o al momento de salir a buscar nombres que ayudan en las negociaciones mostrando sus ganas de sumarse al proyecto. Ese sentido de pertenencia y protagonismo es también una piedra fundamental de estos 5 años.

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