En agosto del 2012, cuatro años y nueve meses antes de convertirse en uno de los cuatro mejores equipos de Europa, Mónaco ni siquiera competía con los 20 clubes más importantes de Francia. El equipo estaba en la Ligue 2, y parecía enterrado en el infierno. El exilio en la segunda división del fútbol francés duró un año. Fue una temporada larga pero cómoda: lideró el torneo de punta a punta y salió campeón.
Dmitri Rybolóvlev, empresario ruso, inversor desmedido, llevaba dos años al mando del equipo del principado. Había apostado a revitalizar a un club que no ganaba títulos en Francia desde el 2000 y su última alegría había sido alcanzar la final de la Champions League en el 2004, cuando perdieron contra el Porto, y no había cosechado éxitos. Había elegido el camino corto: inyectó millones y millones de euros para formar un plantel con figuras. Primero invirtió en dos colombianos: gastó 105 millones de euros en James Rodríguez, cuya carrera en Porto crecía como un rascacielos, y Radamel Falcao, un delantero que garantizaba una dosis alta de goles. En el medio de las transferencias estuvo Jorge Méndes, el representante de José Mourinho y Cristiano Ronaldo, uno de los agentes más famosos del planeta.
El atajo no le dio éxito. Mónaco se instaló en el segundo pelotón, pero detrás del PSG, que hiló campeonatos gracias a la fortuna de sus dueños: un grupo de jeques árabes.
Rybolóvlev cambió la fórmula. Buscó a Antonio Cordón. Español de 53 años, trabajó durante 14 años en Villarreal. Conservó el don que lo posicionó en La Madriguera: un ojo prolífico para encontrar joyas desparramadas —llevó a Diego Godín y Luciano Vietto, entre tantos—. Rybolóvlev contrató a Cordón como director deportivo, el mismo cargo que desarrolla Txiki Begiristain en Manchester City y Monchi en Sevilla, dos proyectos de moda en Europa.
El método Cordón implementó algunas modificaciones. Contrató a Gérald Passi, un ojeador del Niza, y bajó una línea clara de construcción: desde abajo, desde la cantera. Cordón solamente mantuvo una cosa de su herencia: revalidó las credenciales de Leonardo Jardim, el entrenador portugués del equipo. Jardim, de 42 años, llegó a Mónaco con pocos diplomas. Dirigió a Olympiakos durante seis meses, pero lo dejó sin motivos claros en la mitad del campeonato, líder del certamen griego por diez unidades sobre el segundo. Continuó en Sporting Lisboa, salió segundo y renunció al final del torneo. Continuó en Mónaco. Su primera temporada, la 2014/2015, Mónaco llegó a cuartos de final de la Champions League. No logró recortarle distancia al PSG. Aunque nunca terminó en el segundo puesto, redoblaron la apuesta por él y le renovaron hasta el 2019. Sabían que los réditos vendrían a largo plazo.
Durante esta temporada, la primera con Cordón como cabeza del proyecto, Mónaco encontró una joya adentro del club, en las divisiones menores. Kylian Mbappé irrumpió en el primer equipo con 18 años y sacudió al fútbol francés como un viento huracanado. “Puede que Mbappé se parezca a Samuel Eto’o, solo que Mbappé es más completo técnicamente”, le dijo François Blaquart, director nacional de la Federación Francesa de Fútbol, al diario El País. Para otros, Mbappé es la mejor aparición del Mónaco desde la ascensión de Thierry Henry. Los gigantes de Europa discuten por él. Del principado se irá por un número de nueve cifras.
A Mónaco le faltan seis partidos para conseguir su gran éxito: ganar el campeonato francés. Suma 77 puntos, al igual que el PSG, pero todavía debe un encuentro. El domingo visitará a Olympique Lyon, en el último juego de alto voltaje que le ofrece el fixture.
Ahora eliminó al Borussia Dortmund de los cuartos de final cómodamente. Lo aplastó en Alemania y bofeteó en Francia. Es, desde hoy, uno de los mejores cuatro equipos de Europa por cuarta vez en su historia. Demoró cuatro años en levantar su prestigio.
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