Después de la impactante victoria por 2-1 de Racing sobre Boca en La Bombonera, los elogios desmesurados caen sobre la figura del punta Lautaro Martínez. El ambiente le dispensa calificaciones que lo identifican como un auténtico crack. La realidad es que tantos apuros no lo ayudan en su formación. Tiene muy buenas condiciones, pero sus tiempos caminan más lentos que los ruidos que genera su presencia.

Se amontonan los elogios para el punta de Racing, Lautaro Martínez, después del 2-1 ante Boca en La Bombonera. El ambiente del fútbol argentino le dedica calificaciones comparables a las de un crack ya consagrado en el tiempo.

Le llueven al delantero de 20 años que hasta el momento jugó para Racing 37 partidos y conquistó 11 goles, definiciones periodísticas que lo pintan como un jugador brillante y extraordinario, con muchos puntos en común con Sergio Agüero y Carlos Tevez.

Esta desesperación por descubrir en Martínez a un nuevo fenómeno que según esas mismas opiniones ya debería tener un lugar en la Selección que conduce Jorge Sampaoli, revela la dimensión de los apuros que acompañan al buen proyecto que se destaca en Racing.

¿A qué obedece tanta facilidad para sobredimensionar las verdaderas capacidades de los jugadores? Porque Martínez podrá ser un crack a futuro. Pero todavía no lo es. Podrá ser un punta brillante y extraordinario a futuro. Pero todavía no lo es. Sin embargo, inflarlo por algunas buenas señales futbolísticas que brinda, es un método reconocido y hasta reivindicado por el ambiente.

Ricardo Centurión, ahora jugando sin ningún relieve en el Génova de Italia (solo disputó 3 partidos desde su llegada en los primeros días de agosto de este año), también fue inflado por el ambiente.

Como el pibe Ezequiel Barco. Y como tantos otros. Esto no significa que Centurión y Barco son dos mediocres. Pero está claro que por ahora no tienen argumentos para ser considerados dos cracks.

Las circunstancias indican que el término crack se ha bastardeado. Cualquiera que en la Argentina construya un par de buenas jugadas y conquiste algunos goles, se gana casi de inmediato la chapa de crack. Y además se gana la mochila de tener que demostrar en los desarrollos de los partidos posteriores que es un crack, cuando aún no lo es.

“Acá Martínez tiene los días contados”, se repite desde el último domingo, cuando le convirtió un gol a Boca y le metió una pelota muy profunda a Augusto Solari que termino anotando el segundo de Racing. Y entonces se reitera que lo siguen emisarios del Borussia Dortmund, Manchester United, Mónaco, Real Madrid y Atlético Madrid, en una gigantesca bola de nieve. Todos detrás de Martínez. Del fútbol desequilibrante de Martínez. De los goles de Martínez. Solo falta decir que es una especie de Batistuta, pero con mejor interpretación del juego para entrar y salir del área. Demasiadas pavadas juntas.

¿Le hará bien a Martínez tanto ruido a su alrededor? ¿Tanta aceleración? ¿Tanto circo mediático para medir y calibrar sus participaciones ofensivas? ¿Le hará bien que lo pongan a la altura de una auténtica estrella, como si ya hubiera recorrido un largo camino demostrando su jerarquía? Pueden entenderse los entusiasmos de algunos o de muchos, pero también hay que entender que existen entusiasmos exagerados. O lobbistas en funciones.

El terreno ya está preparado para que Martínez se vaya de Racing a algún club europeo por 10 o 15 millones de dólares. Porque según algunas lecturas muy interesadas, en Racing ya cumplió su ciclo. Es muy sugestivo: anotó 11 goles con la camiseta de la Academia y la transferencia parece una baraja marcada.

El entrenador argentino, José Pekerman, quien desde enero de 2012 conduce a la selección de Colombia, hace una década y media anticipó esta dinámica: "El sistema con todas sus urgencias les hace quemar etapas a los jugadores jóvenes y son muy pocos los que van a poder resistir".

Los que resisten y se imponen son los cracks a tiempo completo. Lautaro Martínez es por ahora un jugador en tránsito. Tiene muy buenas condiciones (debería aliviar su vehemencia y agresividad para chocar a los defensores cuando pretende recuperar una pelota yendo con la pierna arriba), pero es totalmente prematuro ubicarlo en la galería de un elegido. Y él lo dijo un día después del 2-1 a Boca: “Me falta mucho para ser figura”.

Ahora si esa respuesta tiene un carácter diplomático o un contenido políticamente correcto y Martínez cree o le hicieron creer los eternos trasnochados del fútbol que es un elegido, en lugar de fortalecerlo, a mediano plazo lo van a debilitar. Y será él quien tendrá que pagar la factura.

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