Luego de sus anteriores excedidas declaraciones, ayer en la ACTC bajó un cambio, si bien no admitió errores ni responsabilidades. Ramos, Ugalde y Daray formarán una comisión de pilotos para ocuparse de la seguridad.
El Salón Octavio Justo Suárez de la moderna sede de la ACTC, que supo albergar amenas reuniones, encuentro de pilotos, ex corredores, dirigentes vaya a saber cuantas veces, ayer mostró una fisonomía muy diferente. Ninguna voz altisonante, apenas algunas sonrisas tímidas, seriedad en la mayoría. La muerte de Guido Falaschi, el hecho más conmocionante que recuerde el Turismo Carretera en mucho tiempo, obligó al encuentro con los medios del presidente Oscar Aventín, uno de los protagonistas centrales de este momento de crisis en la categoría que no debería ampliarse al resto del automovilismo nacional.
Respaldado (nunca mejor puesto el término) por el vicepresidente Hugo Mazzacane; el secretario Rubén Gil Bicella; Carlos Alvarez, titular del CAF; el médico de la categoría Rodolfo Balinotti y el jefe técnico Alejandro Solga, Aventín como pocas veces enfrentó con cierto nerviosismo a los medios que otras veces ha increpado y subestimado.
Bajó un cambio el Puma (pidió un minuto de silencio) respecto a sus desafortunadas declaraciones del martes. Vaya a saber si fue porque entendió que fueron inoportunas o porque fue asesorado para cambiar el discurso. De todas formas, la imperiosa necesidad de encontrar respuestas sobre la muerte de Falaschi, y por qué no escuchar algunas líneas iniciales de lo que deberían ser los pasos a dar, le siguió la sensación que poco y nada aportó el atribulado conductor de la ACTC.
Cuando puntualmente se le preguntó qué había fallado para que ocurriera el accidente, Aventín sin inmutarse respondió: “Fallar no falló nada, fue una fatalidad”. Anunció después que para trabajar en forma coordinada con los pilotos en materia de seguridad “se formó una comisión integrada por Lalo Ramos, Lionel Ugalde y Ruben Daray, un ex campeón que dicta cursos de seguridad vial”. Y después reiteró: “no somos responsables de la presentación del autódromo”.
De negó Aventín a hablar más sobre las furibundas críticas de Gabriel Furlán y Juan María Traverso. “Sólo he escuchado críticas de pilotos y personas que no forman parte de la categoría, pero las quiero dejar ahí; no he escuchado críticas de pilotos nuestros”, sostuvo.
Se contradijo Aventín cuando habló de las condiciones que presentaba el Fangio. El viernes previo dijo que el TC no volvería a correr si no había mejoras (este diario supo que esas mejoras también incluían la seguridad), pero sin embargo ayer sólo las limitó a carencias de agua, sanitarios y cosmética...”.

Un gran negocio
“Dicen que el TC es un gran negocio, y eso es una gran mentira, es una falacia; acá no obligamos a nadie a correr, el que no quiere correr puede no hacerlo”, agregó. Después Aventín, quizá entendiendo que no es momento para remarcar su particular y muchas veces controvertido estilo, mencionó con un tono de voz mas apagado de lo habitual que “no tengo un poquito de soberbia cuando dije que que el TC volverá a Balcarce; este dolor no cesará por mucho tiempo”, y se quebró el dirigente mas duro del automovilismo argentino.
No contuvo las lágrimas, tan inusuales en Aventín, al remarcar la pasión con la que abraza al automovilismo y al TC. Y más aún cuando expresó, a diferencia de lo dicho un día antes cuando disparó que él y su esposa y todos los padres saben que a sus hijos corredores los pueden traer de una carrera “dentro de una caja”, que “yo quisiera que mi hijo no corra más, no quiero traérmelo en un cajón”. Y volvió a llorar, y pese a que flotaban más interrogantes, las lágrimas del hombre, sellaron la suerte de la conferencia. 

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