El Muñeco deja su cargo golpeado por eliminaciones decisivas, tropiezos inesperados y una serie de resultados que erosionaron un ciclo que nunca logró consolidarse.
El segundo ciclo de Marcelo Gallardo en River terminó después de casi dos años atravesados por irregularidad, eliminaciones dolorosas y una pérdida progresiva de solidez futbolística. Desde su regreso en 2024, el equipo nunca logró sostener un rendimiento acorde a la expectativa que generaba su nombre. Entre competencias locales e internacionales, una serie de 15 partidos marcó el desgaste definitivo de un proceso que concluyó tras la caída ante Vélez.
La goleada sufrida en Brasil fue el primer gran impacto del ciclo con apenas dos meses de trabajo, el equipo mostró fragilidad defensiva y falta de gol. En el Monumental, el empate sin goles selló la eliminación pese al apoyo masivo. River quedó afuera sin convertir en la serie y dejó una imagen preocupante en el plano internacional.
En Asunción, River tuvo la chance de comenzar el año con un título, pero ofreció una actuación apagada. El partido fue cerrado, con escasas situaciones, y en la definición desde los doce pasos falló en los momentos decisivos. Talleres se quedó con el trofeo y encendió las primeras alarmas de la temporada.
En el Monumental, River reaccionó sobre el final para empatar el partido, pero volvió a fallar en la definición por penales. Más allá del resultado, el equipo evidenció problemas defensivos y dependencia de individualidades. La eliminación dejó la sensación de que no había evolución futbolística.
El empate ante el conjunto mexicano condicionó la clasificación. River necesitaba ganar para encaminar su pase a octavos, pero volvió a carecer de contundencia, y la igualdad sin goles lo dejó obligado y terminó pagando caro esa falta de eficacia.
La derrota ante el equipo italiano consumó la eliminación. River compitió por momentos, pero no logró sostener intensidad ni precisión en ataque, y el adiós prematuro reforzó la sensación de estancamiento en competencias internacionales.
Ante uno de los candidatos, River mostró pasajes interesantes pero volvió a cometer errores defensivos determinantes. La serie se definió por detalles que siempre cayeron del lado rival y fue otra despedida temprana de la Copa.
La derrota en el Monumental frente a un rival inesperado impactó más por lo simbólico que por lo numérico. Desatenciones defensivas y poca reacción ofensiva generaron el primer gran murmullo del público, que empezó a perder la paciencia.
La caída en el Monumental ante un rival que peleaba abajo encendió la primera gran señal de quiebre con la gente. River volvió a mostrarse inseguro atrás y sin claridad para romper un bloque bajo y con insultos desde las tribunas que marcaron que la crisis ya no era solo futbolística.
En Córdoba, River ofreció una imagen opaca y volvió a quedar eliminado desde los doce pasos. La caída lo dejó sin otra vía de clasificación a la Copa Libertadores y profundizó la crisis deportiva.
Silbidos antes, insultos después. El equipo no encontró respuestas y Borja falló un penal en el cierre que pudo cambiar la historia. El clima en el estadio se volvió definitivamente hostil.
El Superclásico era una oportunidad para recomponer, pero fue otro golpe anímico. River mostró falta de intensidad, escaso juego colectivo y fue superado ampliamente por el rival de siempre. La derrota agravó el desgaste del cuerpo técnico.
En un partido cambiante, River llegó a estar arriba en el marcador, pero errores puntuales lo dejaron eliminado en el final. Fue el cierre de un 2025 sin títulos ni respuestas sólidas, y afuera de la Libertadores.
La ausencia en la Libertadores fue la consecuencia acumulada de una temporada irregular. River dependía de otros resultados, ninguno lo ayudó, y después de 11 años consecutivos no participa en el torneo. El impacto fue deportivo e institucional.
Tras un inicio de 2026 aceptable, la goleada en el Monumental reactivó todos los fantasmas del año anterior. Desatenciones defensivas y poca reacción anímica en una noche en la que el equipo volvió a verse vulnerable. La sensación de ciclo agotado empezó a instalarse con fuerza.
River jugó tenso y con escasa generación en La Paternal. Un error en salida terminó definiendo el partido y dejó al equipo sin respuestas claras, además, la expulsión de Gallardo en el cruce con Merlos expuso el nerviosismo acumulado.
El último golpe llegó con otro desacople defensivo y falta de eficacia para empatarlo. River intentó reaccionar, pero volvió a chocar con sus límites, tras el partido, Gallardo se fue en silencio y horas después decidió cerrar el ciclo.
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