El conjunto verdinegro venció al Tomba, y le convirtió un gol en el último minuto, cuando el arquero de los mendocinos había ido a buscar el empate. Eso culminó en un choque entre los futbolistas.
El final entre San Martín y Godoy Cruz era crónica de un lío anunciado. Un clásico en la última fecha que rompió los pronósticos iniciales, ¿o alguien creía que en esa cancha, entre esos dos equipos, podía disputarse el final de un campeonato? Pero pasó: ahí, Godoy Cruz llegó con chances de salir campeón.
Rodrigo Rey, con el partido 0-1, fue al área rival a buscar el empate. En la contra, volvió y sacó del medio: el local aumentó el resultado, puso el 2-0 definitivo. Y todo explotó: se armó un tumulto entre los futbolistas, empujones. Jaime Ayoví, enfurecido, empezó a hacer signos de plata, como si los jugadores dirigidos por Pablo Lavallén estuviesen incentivados.
Al final, el Tomba cayó y se quedó sin sueño: no pudo jugar la final ante Lanús.
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