Soleado por la mañana, luego desmejorando. La actualidad futbolística de Independiente tranquilamente podría ser analizada por el Servicio Meteorológico Nacional. Y es que, como el clima durante el verano argentino, su comportamiento es impredecible.
En las primeras fechas, esa inestabilidad se pudo advertir entre semana y semana: auspicioso debut con victoria en Rosario, paupérrimo empate de local ante Sarmiento y destacado triunfo frente a Quilmes en tierras cerveceras.
Pero ahora, los cambios bruscos de las condiciones atmosféricas se dieron en el mismo partido. Actuación de alto vuelo en la media hora inicial frente a Belgrano y mostró sus peores características emocionales inmediatamente después del empate del equipo celeste.
¿Por qué le pasan esas cosas al equipo de Almirón? Es difícil de entender. Porque en sus últimos años, la cuestión anímica era fundamental: se perdía varios goles y le metían uno y ya no podía levantar la cabeza. Sin embargo, en Quilmes, había dado una muestra de evolución en ese sentido: cuando le empataron un partido que tenía dominado, mantuvo la línea y, respetando la idea colectiva, alcanzó el segundo. Algo parecido había experimentado en Rosario. En cambio, esta vez, el empate de Belgrano fue letal; lo sacó del partido y todo lo bueno que hizo de entrada, cayó en el saco roto de la impotencia y la firmeza defensiva le abrió la puerta a una torpeza (se chocaron Aguilera y Cuesta) que provocó el penal y la derrota.
Hay que aceptar que el desequilibrio emocional de este Independiente para el diván, existe. Los tres partidos que fue ganando se los empataron; pero sus peores reacciones ante la adversidad las mostró en casa. Será que, por esas coordenadas que se cruzan en Avellaneda, la presión atmosférica es más severa y afecta de manera diferente el espíritu de un equipo que se obnubila ante el primer cachetazo.
A su favor, Almirón debe anotar en la columna del haber que los jugadores ya tienen clara la idea, el plan de vuelo. Ahora debe corregir detalles para pasar de la etapa del carreteo a la del despegue y para evitar las turbulencias que tanto inquietan a los pasajeros (es decir, a su público). Claro, para un viaje placentero siempre son preferibles las buenas condiciones climáticas y por ahora, Independiente no puede salir sin paraguas.
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