Parecía que el viaje a tierras cafeteras iba a tener un sabor dulce para Lanús. Al menos, esa fue la sensación que transmitió buena parte del partido el equipo argentino, en ventaja y jugando mejor que su rival, coqueteando con el segundo gol.
Pero en un momento la historia cambió, Deportivo Cali dio vuelta la chapa y, junto a ella, todo el panorama de un Grupo 3 en el que ahora el Granate no pudo abandonar el último lugar y ve muy comprometidas sus chances de clasificación. El equipo colombiano, en cambio, se convirtió en el nuevo líder.
Como dos que se van a pelear pero no saben bien por dónde atacarse, el partido arrancó con cautela. Y cuando Lanús advirtió que el Deportivo Cali no inflaba el pecho con autoridad en su propia casa, se animó a adelantarse y agredir.
Fue el dueño de casa el que tuvo la primera aproximación seria, con una pelota parada que Giraldo conectó con la rodilla y Marchesín envió al corner en gran reacción. Pero fue la única. Después Lanús se adueñó de los espacios en el medio y primero avisó con una corrida de Ayala por izquierda y enseguida, un pase bárbaro del Pulpo González para Blanco quien apareció libre sobre la derecha y de cara a Mondragón, toque letal al centro para que Acosta anotara el 1 a 0.
La imagen de Lanús siguió siendo superior. Dos remates en el palo, un cabezazo de González muy libre y una pifia inexplicable de Izquierdoz cuando nadie lo marcaba pisando el área chica, fueron detalles que inclinaron la balanza de los merecimientos en favor de Lanús, ante la impotencia del equipo colombiano.
Hasta que apareció Viáfara con un misil tierra-aire que estiró la red del arco de Marchesín, empató el partido. Fue un golpe que aflojó las piernas del equipo argentino y envalentonó al local. Viáfara volvió a aparecer en escena, pisó el área y Araujo le barrió la pierna. Penal y gol de Lizarazo para terminar de derrumbar todo bueno que hasta allí había construido el Granate, que se vuelve con sabor amargo, ese que tiene el último café.