El Millo empezó la adaptación nipona cosechando una nueva corona para sus vitrinas y dejó una bandera de aviso para fin de año, cuando deba dirimir contra el poderoso Messi y Cía. el título mayor del mundo.

River desembarcó en Japón para dejar una marca poderosa de cara al Mundial de Clubes que se va a jugar en diciembre nada más y nada menos que frente al Barcelona de Messi. El supercampeón de América que ganó los cuatro títulos internacionales que disputó en la temporada fue a tierras niponas para ir tanteando el terreno y mostró que le sobra resto para bancarse los avatares de los vuelos contra el reloj biológico.

Mal dormido, el Millo, será el despertador de los que creen que Barcelona puede descansar tranquilo con los laureles de su terrible potencial. Porque si se levantó y se agigantó en las situaciones mas desfavorables, porque no va a pensar que el gigante mundial quizá tenga en algún sitio tierras sin custodiar donde aterrizar y empezar a derrumbar el imperio. Ya se palpita, ya se mira en el calendario, ya se agenda diciembre, ya hay miles y miles de hinchas de River reservando vuelos y hoteles para estar presente cuando la gran coronación pueda llegar a los más alto.

Esta nueva dinastía millonaria que fundaron Gallardo, Enzo Francescoli y D'Onofrio con aquel primer paso de Ramón cuando ganó el título local tras un lustro de crisis pretende ir por más tal la frase del Muñeco. Una vuelta olímpica local, una Sudamericana, una Recopa, la tan esquiva Libertadores y ahora la oficial Suruga Bank le sacan brillo a una ilusión que tiene grandes planes. Con ingenio, orgullo y sobre todo convencimiento ganador, River quiere quedarse con los títulos nobiliarios de la otra dinastía, la más superpoderosa y la más multipremiada, la de los reyes más ricos y la de los lujos más ostentosos; la catalana, la de Lío. Esa muralla que nadie puede derrumbar y que como un David pequeño y gigante en sueños, la armada de Gallardo pretende trepar, superar y escribir en sus paredes que nada es imposible.

River derrumba mitos y acaba con las rachas más antipática de la historia del club, River no sólo volvió a ser River, ahora también quiere ser un River más grande aún, capaz de pensar que Maidana puede neutralizar a Suárez, que Mercado será una cárcel para Messi, que Ramiro dejará atontado a Neymar y que entre Kranevitter y Ponzio van a hacer que a Iniesta no le salga ni la tabla del dos. Es imposible saber si ese final de cuento será guionado por lo que quieran escribir un historia roja y blanca, pero seguramente de acá hasta fin de año a nadie le van a poder quitar la esperanza que eso sucederá de la mano de Gallardo y Cia.

Si hasta ahora ganó todo lo que jugó, si hasta discute el liderazgo en el terreno local y si le pusieron otra Sudamericana para un nada improbable doblete, el Millo tiene derechos de sobra para que el 2015 termine siendo una historia única e inolvidable.

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