El exdelantero de la Selección Argentina transita un tratamiento de recuperación desde hace años. Las adicciones no pudieron con él, refugiado en el fútbol, pero sí con su gente. La lucha sigue, todos los días, y se mantiene en pie para no caer en ese oscuro mundo que lo arrastró a la depresión.
Se retiró en 2019 para disfrutar más con su familia, porque ya estaba cansado de jugar al fútbol. Venía de convertir 34 goles en 74 partidos en el Hebei Fortune de China, pero tenía demasiado tiempo libre. Aquel futbolista sacrificado, que supo ser campeón con San Lorenzo, con el Napoli y el PSG, que fue medallista olímpico, quizá no pudo con la frustración de no haber sido convocado al Mundial de Rusia 2018, a pesar del subcampeonato en Brasil 2014.
En una entrevista en el stream Olga, el Pocho Lavezzi abrió su corazón y confesó un costado oscuro de su vida. También habló de un pasado enredado en la marginalidad, que fue la puerta de entrada perfecta al mundo de las adicciones. Con un inmarcesible esfuerzo, Ezequiel Lavezzi perdura en esa lucha, contra ese flagelo que supo arrebatarle de la vida a sus amigos.
"Viví con ansiedad. Me lo encontré de golpe a eso, pero por suerte tuve mi familia y gente muy linda al lado que me ayudó a que tomara decisiones para mejorar
En su recaída, volvió a vivir la infancia y adolescencia que pasó en Villa Gobernador Gálvez, Santa Fe, donde tuvo su primer encuentro con los excesos. “A casi todos mis amigos de mi edad la verdad que el barrio se los comió. Yo me considero un afortunado y que el fútbol me salvó. Pero tengo la verdad que muchísimos amigos murieron”, contó sin tapujos, pero con la voz entrecortada, que esconde el dolor se haber perdido a los suyos.
Podría haber sido su camino y quizás el hoy hubiese sido mucho peor de lo que es para Lavezzi. Después de salir de Rosario Central y ser rechazado por Boca, su hermano menor no dejó que se rinda fácil y lo llevó a una prueba en Estudiantes de Buenos Aires. Una salvación. “Un día me tocó darme cuenta de que ya no era rocho. Jugaba a la pelota y tenía que vivir de jugar a la pelota y disfrutar de eso. E hice así, cambié, dejé de lado esa parte y empecé a vivir y a disfrutar con todo lo que me estaba pasando. Es una decisión difícil, porque tenés que dejar de lado todo lo que vos venías viviendo y que tenía que ver con tu infancia. Y hacer ese salto me costó un huevo, pero cuando lo hice fui siempre para arriba”.
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