Cualquier derrota de la Selección no se transforma en anécdota. La última, en el 4-2 frente a Nigeria, continúa manifestándose en varias direcciones. Mientras Sampaoli interpretó que "fue raro lo que nos pasó", Mascherano explicó que en el segundo tiempo el equipo "se desconectó". La influencia corrosiva de la subestimación. El legado inclaudicable de Pep Guardiola para poner en la cancha un equipo full time.

No solo quedó preocupado Jorge Sampaoli después de la dura derrota de la Selección por 4-2 ante Nigeria el pasado martes en Rusia. Pareció, incluso, desconcertado y sorprendido el entrenador. Hasta sin encontrarle una interpretación muy convincente al derrumbe total del segundo tiempo, cuando Nigeria en un par de ataques quirúrgicos construyó la goleada.

“Hicimos un muy buen primer tiempo y después no pudimos sostenerlo. Es difícil explicar el partido. Fue raro lo que nos pasó. Lo que rescato es que Argentina demostró que cuando está enchufada es muy fuerte”. Las palabras de Sampaoli intentaron generar un clima de tranquilidad. La tranquilidad que siempre se necesita para promover un análisis inteligente de las circunstancias, ya en plena cuenta regresiva hacia el Mundial de Rusia.

Mascherano también expresó que el equipo “se desconectó” en el complemento y que “bajó la intensidad”. Sampaoli afirmó que cuando la Selección “está enchufada es muy fuerte”.

La pregunta se hace sola: ¿por qué se desconectó y se desenchufó el equipo cuando había denunciado en los primeros 45 minutos una superioridad total sobre su adversario?

La respuesta no es difícil de hallar: porque los jugadores subestimaron la capacidad de reacción de Nigeria en la segunda etapa. Por supuesto que estas cosas ningún integrante del plantel las va a admitir ni blanquear públicamente. Y el técnico tampoco. Pero las lecturas de Mascherano y Sampaoli caminaron por ese sendero.

La realidad es que frente a Nigeria aflojó la tensión el equipo en el segundo tiempo. Quiso hacer lo que por ahora no sabe hacer: anestesiar el partido. Controlarlo, en definitiva, bajando el pressing y el ritmo. Y reveló su incapacidad estratégica y conceptual para abordar ese escenario. Que es el escenario de un equipo maduro. De un equipo ya hecho. Las evidencias delataron lo contrario.

Pretendió controlar y se descontroló, ya con la pelota dividida y en desventaja en una ráfaga explosiva e inesperada. El error de apreciación en que incurrió la Selección no habría que subestimarlo ni relativizarlo. Fue un error grosero que no admite justificaciones triviales.

La concentración y la dinámica en los movimientos colectivos para ejercer presión, posesión y circulación de la pelota, como plantea Sampaoli y como lo logró la Selección en el 1-0 ante Rusia y en la primera mitad contra Nigeria, no puede entregarse en nombre de “desconexiones” y “desenchufes” que terminan determinando el rumbo final de cualquier partido.

Los jugadores son los que ponen y sacan el pie del acelerador. Son los que ponen y sacan el pie del freno. “Guardiola los tenía cagando a todos. Es que para mantener ese ritmo de presión bien arriba y movilidad permanente para tocar y descargar hasta encontrar los espacios, si no los tenía cagando no lo hubieran mantenido durante tantos años”, nos comentaba el Flaco Menotti en julio de 2013, respecto a la experiencias de Pep en aquel Barcelona tan majestuoso como extraordinario.

No es que Sampaoli tenga que imitar alguna de las conductas futbolísticas o existenciales que Guardiola utilizaba como conductor, pero ese modelo de fútbol, que en líneas generales es el modelo (la idea) que intenta atrapar la Selección, no permite que existan pausas largas ni cortas en los esfuerzos de los protagonistas ni en la energía intelectual para realizarlos.

Si un jugador se baja de ese compromiso, lo siente el equipo aunque quizás pueda compensarlo con otras presencias fuertes. Pero si se bajan varios al mismo tiempo, como ocurrió frente a Nigeria en el complemento, la boleta puede ser inminente. Y la factura la pagan todos. Como se vio con absoluta claridad el pasado martes en la ciudad de Krasnodar.

Tendrá que ser muy certero y muy aplicado Sampaoli en sus exigencias ante el plantel. El dice que es mejor persuadir que mandar. Y tiene razón. Persuadir es convencer. Convencer full time. Como lo hacía Pep Guardiola en el Barça. Y como todavía no lo hizo Sampaoli en la Selección.

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