No va a jugar Messi ante Ecuador este jueves en el Monumental ni ante Paraguay el martes 13 en Asunción, recuperándose de la lesión que padeció, pero igual va a jugar en las comparaciones inevitables que van a hacerse a partir de su ausencia. La medida de la Selección no puede depender exclusivamente del talento de Messi, aunque su aporte sea tan influyente, desequilibrante como errático.
¿Quién puede reemplazar a Messi en el Barcelona? Nadie. ¿Quién puede reemplazarlo en la Selección? Nadie. Pero alguien tiene que jugar por él, después de la lesión que sufrió. Messi es imprescindible, aunque en algunos partidos no tenga un rendimiento acorde a su categoría de imprescindible.

Lo que a la Selección le importa es que Messi no pueda vestir su camiseta, por lo menos durante los dos primeros encuentros de las eliminatorias ante Ecuador, en el Monumental este jueves y el martes 13 frente a Paraguay, en Asunción. Los catalanes que hagan su duelo. Allá se consagró como un monstruo del fútbol mundial ganando todo lo que se le presentó. Y acá, todavía hay deudas pendientes, que al recordarlas despiertan, de mínima el desagrado y de máxima la ira de sus fans más radicalizados, entre los que también están los periodistas.

"Si un día se llega a cansar de las críticas  que recibe en la Argentina y no viene más, recién ahí se van a dar cuenta de lo que significa contar con Messi". El pensamiento hecho consigna después del Mundial de Brasil y luego de la Copa América en Chile, encontró adhesiones en vastos sectores del ambiente del fútbol argentino. El planteamiento era que en su tierra a Messi lo atacaban despiadadamente y que esta furia crítica iba a provocar que el astro del Barcelona renunciara a la Selección para que en la Argentina se  terminara llorando por su ausencia.

Esa lectura avanzaba aún más. Y se preguntaba desde el absurdo: ¿nos merecemos los argentinos a Messi? Para dejar escrito en puntos suspensivos, que naturalmente no lo merecemos porque somos ingratos, desconsiderados, desagradecidos, insensibles, ignorantes e incapaces de registrar y admirar el talento de un fenómeno.

Ese nivel de simplificación peca de una debilidad estructural: es falsa. Los argentinos nos merecemos a Messi, como nos merecimos a Maradona, Di Stéfano, Sívori, Bochini,  Beto Alonso, Kempes, Rojitas, Houseman, Corbatta, Pichuco Troilo, el Polaco Goyeneche, Homero Manzi, Charly García, el Flaco Spinetta, el Che Guevara, Perón, Evita, Hipólito Yrigoyen, Rodolfo Walsh, Gelman, Jorge Luis Borges, Sábato, el Gordo Soriano, Marechal, Cortázar, el Negro Fontanarrosa, Panzeri, Ardizzone, Vilas, Fangio, Carlos Monzón, el Mono Gatica, Locche, Pugliese, Gardel, Piazzolla, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Falú, Berni, Soldi, Spilimbergo, Xul Solar, Castagnino, Favaloro, Leonardo Favio, Sandro, Manuel Belgrano, José de San Martín, Mariano Moreno y a todos aquellos que dejaron una huella imborrable en la memoria colectiva. Nos merecemos a todos. Porque nos vemos o nos queremos ver en todos ellos.

A Messi, por supuesto, también. Pero esto no significa que tengamos la obligación de endiosarlo todos los días. Aunque jugando al fútbol en muchas oportunidades parezca la suma de las perfecciones. Pero a veces no. Y cuando se da ese no, esconder los análisis no corresponde. Están ahí. Se ven. Lo ven todos los que quieren verlo. Cuando la rompe, hay que decirlo y destacarlo. Cuando no la rompe, hay que decirlo y bajarle la nota. Como, por ejemplo, pasaba con Maradona. O con Pelé en Brasil.  

Messi no va a estar en el arranque de las eliminatorias. Nadie desconoce su gran influencia. Ni su genialidad para armar lo que solo pueden armar los tipos que trascienden todos los esquemas. Pero sería bueno que la ocasión no sea favorable al pase de facturas.

Que si la Selección produce buenas actuaciones, no precipite el juicio de valor de los infaltables oportunistas que sentencien que la ausencia de Messi es lo mejor que le pudo pasar a Argentina. Y que si la Selección no levanta vuelo o juega decididamente mal, salgan a una cancha virtual los que se cortan las venas por Messi para confirmar que eso era lo que la Selección se merecía por no saber valorar al hombre de Rosario que nació un 24 de junio de hace 28 años.

En la medida de las cosas, Messi también tiene su propia medida. Que no tiene por qué ser absoluta. Hay que comprenderlo e interpretarlo a Messi como hay que comprender e interpretar a todos, más allá de las coincidencias o los rechazos. Hay que criticarlo a Messi como hay que criticar a todos. Y ahora, habrá que intentar disimular su ausencia obligada.

Igual, aún en el marco de esa gran ausencia, Messi y sus fantasmas serán idealizados en el Monumental. Porque aunque no pueda jugar, estará jugando. Mejor o peor, según la presunción imaginada de cada uno.          

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