La Audiencia de Barcelona condenó en julio de 2011 a seis años de cárcel al ex presidente azulgrana (1978-2000) y constructor Núñez Clemente y a su hijo por coimear a inspectores para que hicieran la vista gorda en sus revisiones y eludir así el pago de impuestos de los beneficios obtenidos por el grupo constructor que administran, el grupo Núñez y Navarro.
Sin embargo, el Tribunal Supremo rebajó en enero pasado la condena alegando las dilaciones indebidas, pese a que el caso quedó enmarcado como "uno, si no el de mayor relevancia de corrupción conocido en la historia judicial de Cataluña".
La operación récord para la época (el presupuesto del Barça ese año era de 1.577 millones de pesetas, algo más de 9 millones de euros) fue criticada hasta el Papa Juan Pablo II, quien hizo hincapié en el derroche de dinero del club catalán.
La relación fue tormentosa. Años después, el propio Diego lo describiría así: "No conocía la idiosincrasia de los catalanes y no me imaginaba tampoco que me iba a encontrar con un tarado como el presidente Núñez. Cuando perdíamos entraba llorando al vestuario para darnos más plata. Como si jugar mejor o peor dependiera de la guita".
El enfrentamiento más picante tuvo lugar a fines de la primera temporada de Maradona en el club. Antes de la final de la Copa del Rey nada menos que contra el Real Madrid, Pelusa y Schuster fueron invitados a un partido homenaje a Paul Breitner. Núñez, obvio, no los quería dejar ir y apeló a una estrategia que enfureció a Diego: como el Barcelona tenía su pasaporte, se negó a entregárselo.
Maradona fue a la sede del club a encararlo a Núñez pero éste no lo atendía. Peor aún, mandó a un tercero a decir que no se encontraba. "Yo había visto el auto y el chofer. Entonces les dije: ¿Así que el presidente no quiere dar la cara? Yo voy a esperar cinco minutos... Si no me dan el pasaporte, todos estos trofeos que están acá los voy a tirar uno por uno", relató en su libro Yo soy el Diego.
Ahí nomás Maradona agarró un trofeo Teresa Herrera y lo estrelló contra el suelo. "Estás loco", le dijo el alemán, a lo que respondió: "Sí, estoy loco, porque no me pueden sacar el pasaporte. Y cuando pasen más segundos, más minutos, más trofeos voy a tirar".
La estadía de Diego en el Barcelona duró hasta 1984, año en que, tras casi dos años con más amarguras que alegrías, se marchó al Napoli. El protagonista de la historia lo cuenta así: "Lo único que yo quería era irme de ahí, irme de Núñez. No sabe lo que es una pelota, ni nunca lo va a saber; no puede ser más importante que un jugador, por mucho que siempre lo pretenda".
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