¿Se fue acostumbrando el plantel de la Selección a no poder contar con Messi? No, para nada. Sería como imaginar que Brasil no padezca la ausencia de Neymar, mucho más influyente y decisivo en el scratch que en Barcelona.
Si antes el Tata Martino tuvo que armar un equipo sin Messi en las 4 primeras fechas de las Eliminatorias (la cosecha fue de 5 puntos, producto de la derrota ante Ecuador, 2 empates frente a Paraguay Brasil y el triunfo contra Colombia), Edgardo Bauza está transitando por el mismo camino.
Cierto perfil errático de la Selección igual trasciende a Messi. Porque son erráticas las producciones de Argentina. Y no deberían pasarse por alto dos factores de alta negatividad: por un lado, el hecho de no protagonizar una vuelta olímpica desde hace poco más de dos décadas (la última Copa América se obtuvo en 1993 en Ecuador, bajo la conducción de Basile) se convirtió en una mochila implacable que los distintos planteles no pudieron resolver ni aún arribando a 3 finales consecutivas, como en Brasil 2014 y la Copa América 2015 en Chile y la Copa América Centenario en Estados Unidos.
Esta carga extra, no deseada, no puede subestimarse. Porque está plenamente vigente. Tan vigente que para algunos jugadores como, por ejemplo, Mascherano y Messi, se transformó en una demanda resignificada como una auténtica obsesión profesional muy difícil de asimilar.
El otro elemento negativo o perturbador es el permanente cambio de entrenador desde la recordada renuncia que anunció Marcelo Bielsa el 14 de septiembre de 2004 en el predio de Ezeiza, cuando acudió sin convicción a "la falta de energías" para desvincularse. Le sobraba "energía" a Bielsa. Lo que ya había perdido era la paciencia para seguir bancando el statu quo de AFA.
Luego del ciclo de Bielsa que se extendió durante 6 años, en los 12 años posteriores la Selección tuvo 7 técnicos: José Pekerman, Alfio Basile, Diego Maradona, Sergio Batista, Alejandro Sabella, Gerardo Martino y Edgardo Bauza.
Ese aquelarre de entradas y salidas tuvo un rebote inevitable en la Selección. Con Messi adentro o con Messi afuera. Tanta liviandad a la hora de reemplazar a un entrenador por otro, siempre se paga adentro de la cancha, aunque los jugadores con más o menos fortalezas y debilidades fueron llevando a la Selección casi a la cumbre del fútbol mundial.
El Patón Bauza ("Creo que necesitamos aprender a jugar con Messi y sin él", dijo hace pocos días) llegó en un momento sumamente complejo. Y a la complejidad de la circunstancia, en una AFA devastada institucionalmente y vaciada en el plano económico para que quede a merced de los poderes de turno, se le sumó un problema futbolístico que en el último año fue frecuente: Messi lesionado.
Y la Selección obligada a superar su ausencia, aunque cualquiera que frecuente el fútbol no desconozca que su ausencia es insuperable. Tiene la necesidad de intentar adaptarse Argentina. Adaptarse a la pérdida. En aquel 1-0 a Colombia en Barranquilla, sin Messi, le salió bien. En el reciente 2-2 ante Venezuela en Mérida, sin Messi, le salió mal.
¿Qué panorama le espera a la Selección frente a Perú y Paraguay? Lo único que podría anticiparse es la incertidumbre, considerando que el fútbol de todos los tiempos nunca arrojó ninguna certeza. Ni las arrojará.
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