La consagración como campeón y el ascenso del Leeds, generaron en el mundo del fútbol una auténtica conmoción alrededor del entrenador argentino, que además le abre paso a distintas miradas y lecturas de aquellos que lo veneran   

Por estos días en que los estruendos mediáticos que provocó Marcelo Bielsa con el ascenso del Leeds United a la Premier League no parecen detenerse ni tampoco apagarse su enorme velocidad de transmisión, quizás es válido observar las huellas que viene dejando el entrenador argentino que el pasado martes cumplió 65 años.

No es poco lo que se habló y se habla de Bielsa en términos de su idea futbolística, de lo que propone, de lo que desprecia, de las convicciones que abraza, de los compromisos que asume, de su fidelidad sin pausas por el trabajo riguroso y de las tácticas y estrategias que impone en los equipos que conduce.

Todo eso fue ampliamente analizado por los que adhieren en su totalidad con los métodos de Bielsa y por aquellos que relativizan su aporte, aunque reconozcan con objeciones sus innegables capacidades profesionales.

Pero lo que no admite ninguna duda es que Bielsa se fue convirtiendo en un fenómeno absolutamente atípico en el fútbol mundial. ¿En qué se distingue? Entre otras facetas, en lo que genera en esa aldea variopinta que integran los hinchas anónimos.

Y los interrogantes centrales se acomodan a esa particularidad: ¿por qué despierta esas pasiones y alineamientos tan contundentes un hombre que no quiere formar parte de la sociedad de consumo aunque su figura sea consumida por la sociedad? ¿Qué tiene y qué revela Bielsa que seduce o cautiva a hombres y mujeres que parecen fascinados con el valor de sus palabras, cuando por otra parte la palabra suele bastardearse en nombre de la eficiencia capitalista, que no es tal? Alcanzaría con despojarse de distracciones tan extendidas y mirar los derrumbes colosales que detonó el coronavirus en los países más desarrollados del mundo. Por supuesto con Estados Unidos a la cabeza.

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Bielsa quema todos los libros. No los libros editados del fútbol. Otros libros menos específicos. Mientras las desconcertadas sociedades contemporáneas intentan abrazar la materialidad, el dinero, el éxito, el individualismo rabioso, la competitividad envenenada, el exhibicionismo vacío, la violencia reaccionaria, la xenofobia, la discriminación y la frivolidad obscena que irradian las redes sociales con su caravana interminable de seguidores que no siguen a nadie, salvo a sí mismos; Bielsa le abre las puertas a otro escenario.

A un escenario que está en las antípodas de esos perfiles consagrados a la uniformidad intelectual sin vuelo ni ética. Al fast food intelectual. Aquellos que se desviven por ganarse un lugar en la vida pisando la cabeza del que tienen al lado si lo consideran necesario, sin embargo creen en Bielsa. Creen en alguien que postula otros ideales, otras búsquedas y otras razones para emprender un camino alejado de los estándares que tienen al éxito como inevitable punto de partida y de llegada.

Bielsa no acepta ni quiere ser permeable a ese mundo devorado por las ambiciones individuales. Un mundo que por otra parte sigue estallando con o sin Covid-19. Él desea estar al margen de esa atmósfera irrespirable con la que confronta en cada oportunidad que se le presenta. Por eso si ve algo que le disgusta o directamente le provoca rechazo, arma las valijas, convoca a una rueda de prensa y se despide sin arrepentimientos. Le pasó en la Argentina, en Chile, en España, en Francia, en Italia. En casi todos los destinos. Menos en Inglaterra. Por lo menos hasta ahora.

¿Los hinchas fieles que lo ovacionan en cualquier geografía y los periodistas de distintas nacionalidades que lo celebran y reivindican como si fuese un iluminado, comparten la cosmovisión y las actitudes principistas que motoriza Bielsa? Es paradójico que Bielsa encuentre grandes admiradores que no coincidan con él en su manera de interpretar los pulsos y tensiones que atraviesan y contaminan a las sociedades del presente.

Porque Bielsa expresa el ideario del hombre que interpela al exitismo sublimado por el capitalismo, pero muchos de sus fans son cultores de ese mismo exitismo, reproduciendo sus consignas, sus encrucijadas sin salida y sus disvalores. Como si el retrato ideológico de Bielsa no fuera compatible con el retrato ideológico de aquellos que lo veneran.

Lo cierto es que el Loco Bielsa, entre otras lecturas, le abre el camino a las contradicciones ajenas. Genera empatía sin ser empático, lo aman sin reservas, pero fuera de las fronteras del fútbol, ¿piensan y actúan como él?

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