Los entrenadores de Boca y River tuvieron que ver el segundo tiempo del Superclásico desde el vestuario por decisión del árbitro. Hubo discusiones en torno al reglamento.
El primer Superclásico de 2017 arrancó caliente desde el minuto 0. La pierna fuerte y las protestas, como en los últimos enfrentamientos entre Xeneizes y Millonarios, no tardaron en aparecer y las tarjetas amarillas empezaron a volar por el aire.

Hasta ahí, más allá del nerviosismo y las quejas que llegaban desde ambos bancos, todo transcurría por su cauce normal. Pero llegando al final de la primera etapa, Guillermo Barros Schelotto sujetó del brazo al asistente Hernán Maidana en uno de sus enérgicos reclamos y Pitana no lo perdonó.

Después de la expulsión del Mellizo, las protestas generales se vieron atenuadas y todo estaba dado para un complemento más tranquilo, pero el árbitro tomó la decisión de mandar a los vestuarios también a Gustavo y a Gallardo, por haber vuelto tarde del descanso.

Entre la incredulidad del Muñeco, que argumentaba que el Torneo de Verano tiene un reglamento flexible ("Hay cuatro cambios") y que la tolerancia debería ser mayor, y el enojo de su colega boquense que invitaba al juez de línea a que lo retirara del banco, el trámite se volvió a calentar.

Al complemento tampoco le faltó intensidad y algunas entradas violentas, con un arbitraje que fue muy riguroso con las infracciones y, tal vez, demasiado con los entrenadores.

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