Bugallo asumió como vice de Tristán Suárez tras 14 años como titular de All Boys y un intento de desembarco en Racing. En los últimos años, muchos dirigentes cruzaron veredas sin pruritos ni amor por los colores.
No es una novedad que ciertos dirigentes de fútbol cambien de camiseta con la misma facilidad que los futbolistas profesionales. Acaso quienes hoy se sorprenden sean el reflejo más fiel de aquellos que hace 85 años se rasgaban las vestiduras al asumir que los jugadores podían saltar de un cuadro a otro por el vil metal. A los futbolistas los mueve el dinero: vaya uno a saber qué moviliza a esta nueva raza dirigencial a cambiar de comisión de directiva de clubes sin fines de lucro

Roberto Bugallo volvió al ruedo después de 14 años al frente de All Boys y una salida acalorada que dejó al club en la B Nacional y con una deuda millonaria, entre otras cuestiones que dejan el ascenso a Primera como un detalle menor, perdido entre escuchas telefónicas de una causa de implicancia internacional, dinero de terceros que le dio bonanza al club mientras estuvo y que lo sumió en el desamparo cuando desapareció. Ahora es vicepresidente de Tristán Suárez y será nada menos que el representante del club en AFA. 

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El ofrecimiento surgió a partir del presidente de la entidad, Gastón Granados, y fue posible porque Bugallo es socio activo desde 2007. No es la única cuota social que tiene al día, ya que ese mismo año en que llenó la solicitud en Suárez, intentó reemplazar a Blanquiceleste en el gerenciamiento de Racing. Sí, también es socio de la Academia y como cabeza visible de una sociedad anónima intentó quedarse con la conducción del club, sin elecciones. No lo logró porque poco tiempo después el club fue recuperado por los socios. 

Pero Bugallo no es el único y mucho menos el primero. Durante la temporada 1993/94, Argentinos Juniors sufrió la mudanza más lejana y ridícula de la historia del fútbol argentino: dejó de ser local en La Paternal para serlo en Mendoza, en el Malvinas Argentinas. Dentro del holding de empresarios que impulsó la movida, estaba nada menos que el grupo Vila, es decir Daniel Vila, quien años después fue presidente de Independiente Rivadavia de Mendoza. Claro que antes participó con su grupo del gerenciamiento de Godoy Gruz. 

Luis Barrionuevo estará siempre identificado con Chacarita, club al que presidió, aunque desde antes fue un confeso hincha de Independiente, entidad sobre la que no pierde las esperanzas de presidir en algún momento. Estuvo ligado de manera externa como consejero de Julio Comparada, quien a su vez anteriormente había puesto una pata en el Funebrero junto a Moyano, con una serie de negocios de Seguros. El Rojo parece ser una musa para los dirigentes, ya que desde la presidencia de Deportivo Armenio Noray Nakis –quien relegó en su hijo la responsabilidad de conducir al club- jamás ocultó su deseo de ser titular del Rojo y tras varios intentos hoy al menos es vice Primero del actual mandatario, Hugo Moyano.

El líder sindical también es presidente Honorario del Club Camioneros que preside su hijo Pablo –también vocal y responsable del fútbol amateur de Independiente-, que juega el torneo Federal B. Además, antes de ganar las elecciones en el club de Avellaneda estuvo a un paso de quedarse con el control de Comunicaciones. De Avellaneda a otros clubes: Alejandro Taraborelli, secretario general del Diablo en 2010, hoy es vicepresidente de Talleres de Escalada y fue su presidente hasta hace dos años atrás. 

De todos, el pionero acaso fue Julio Grondona: presidente de Arsenal e Independiente y de allí a la presidencia de la AFA, hasta el último de sus días. 

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