Ramón Díaz vuelve a irse de River de una manera extraña, confusa y cargada de intrigas. Ya había sucedido en el verano del 99 cuando lo dejó plantado a Pintado y Davicce. Luego de una pretemporada y tras varias peleas internas que todos los títulos lograron barrera bajo la alfombra del éxito, dijo basta, abandonando todo en medio de un contrato que había firmado seis meses antes.
Lo volvieron a ir a buscar en el 2001 tras la salida del Tolo. Fue Aguilar quien lo repatrió cuando era secretario del club, pero la convivencia no fue la mejor y al asumir como presidente, el mismo Aguilar no le renovó contrato, a pesar de haber salido campeón,. La salida fue nuevamente compleja, ardua y dejaría la figura del Pelado nuevamente intacta a la espera de otra vuelta, como había sucedido años atrás.
En el 2007, antes del Cholo, Aguilar y Mario Israel se juntaron nuevamente con Ramón e hicieron la paz. Acordaron el regreso, lo anunciarían al día siguiente. Pero al otro día el riojano les cambió la decisión sin avisarle y acordó seguir con San Lorenzo. Unos meses después, como entrenador de aquel equipo de Tinelli, eliminó al Millo en el Monumental y gritó los goles de aquella victoria.
Cuando ganó las elecciones Passarella imaginó que lo iban a buscar, pero los cálculos le fallaron y tuvo que esperar mucho tiempo. En las últimas, el Káiser, se quiso salvar y Ramón le dio una mano, jugó ese juego para quedarse, para volver. D'Onofrio ganó las elecciones y el Pelado que venía de un torneo muy malo, agachó el lomo y aceptó todas las imposiciones. Siguió porque no quería irse perdedor.
Ayer volvió a irse, pensó en él. No quería ser uno más del proyecto que estaba por arrancar, no tenía ganas de estar rodeado de tanta gente mirando, siempre le gustó ser el padre de la idea y no un elemento más de las ideas de otros. Ramón Díaz ganó todo en el Millo y tiene un pedazo de historia muy grande en sus espaldas, pero nada de eso debe esquivar que siempre su convivencia estuvo rodeada de desconfianzas y complejidades que aun hoy viven.
El Pelado priorizó su imagen, su tiempo, su gloria, sus títulos y antes de verse envuelto en un proyecto a largo plazo, decidió cambiar una discusión por un "ta luego" que quizá ya no tenga retorno.
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