El repaso por 2016 dice que la
Copa América Centenario castigó sin piedad la esperanza argentina en Estados Unidos. El equipo de Gerardo Martino volvió a llegar a la final y tropezó en esa instancia con la misma piedra que lo había golpeado en 2015: Chile, los malditos penales... la escenografía se repitió, pintada por el festejo de La Roja y por la tristeza albiceleste.
Pero esta vez, de nuestro lado surgió un dolor de cabeza adicional: la renuncia de Lionel Messi. El 10, afectado por la derrota y por haber fallado desde los doce pasos en la serie decisiva, lanzó sin anestesia su drástica decisión.
"Ya está, se terminó para mí la selección. Son cuatro finales, no es para mí. Me duele más que a ninguno no poder ser campeón con Argentina y me voy sin poder conseguirlo", dijo. Pero no se fue -afortunadamente-, en parte por la catarata de demostraciones de afecto y admiración que recibió, y quizá porque su inagotable hambre de gloria le aconseja continuar con la búsqueda. Messi ya fue campeón mundial Sub 20 y campeón olímpico con la camiseta de la selección, pero él quiere ganar algo con la mayor. Y Rusia 2018 se acerca para tentarlo.
Claro que, antes que pensar en cortar la sequía, hay que poner la mira en la etapa clasificatoria. Y en ese terreno, la Argentina que en una parte del año dirigió Martino y que luego quedó en manos de Edgardo Bauza será puesta a prueba por las seis fechas que faltan. El Tata dejó su cargo luego de la Copa América y antes de los Juegos Olímpicos, cansado de que la desorganización afectara su trabajo directa o indirectamente.
Y el Patón debutó ante Uruguay en Mendoza, por las eliminatorias, en una noche tras la cual todo parecía encarrilarse, porque Messi, autor del único gol del encuentro, ya había dejado atrás su bronca y seguía con el brazalete puesto, y porque al cabo de esa fecha -la séptima-, Argentina era el único líder.
¿Qué pasó, entonces? ¿Por qué el posterior sufrimiento? ¿Por qué las dudas? La respuesta trae un cóctel de elementos. Sin Messi, ausente por lesión, el seleccionado nacional empató angustiosamente en Venezuela, volvió a igualar con Perú en Lima y, para completar un combo terrible, perdió de local ante Paraguay. Encima, la reaparición del capitán no pudo evitar un sacudón más: el 0-3 frente a Brasil en el Mineirao.
Esos resultados, más la sanción que la FIFA le aplicó a Bolivia por la indebida inclusión de un jugador -lo cual favoreció a Chile y a Perú-, primero bajaron a Argentina de la punta y después la sacaron no sólo de la zona de clasificación, sino también de la de repechaje. Transitoriamente "afuera de todo", hasta la continuidad de Bauza fue tema de especulaciones, y así se esperó el último compromiso del año, contra Colombia en San Juan. Allí, la magia del mejor futbolista del mundo desactivó la alarma.
Messi hizo un golazo de tiro libre, gestó los otros dos y el contundente 3 a 0 permitió que el equipo trepara un puesto. Fue la mejor manera de bajarle el telón a un año difícil, para aguardar con esperanza la versión 2017 del modelo celeste y blanco, que traerá aquello que se definirá como reto, desafío u obligación, o como todo junto. Desde marzo, la misión pasará por acabar con las incógnitas y por sacar pasaje hacia Rusia. Es lo que reclaman la pasión del hincha y la rica historia del fútbol argentino.
comentar