En River falta algo. Hoy, como el jueves contra Estudiantes a River le faltó algo. Lo distintivo, lo que destaca al equipo que dirige Marcelo Gallardo del resto de elencos del fútbol argentino, tampoco estuvo esta tarde, en el insólito empate a 1 ante Olimpo. Esa pisca de lucidez, de cambio de ritmo, de claridad y genialidad, se las dan Carlos Sánchez y Teófilo Gutiérrez. Sin ellos, el funcionamiento es distinto. Y el "Millonario" pasa a ser un equipo mortal. Del montón.
Desde la igualdad con Lanús para acá, River perdió el estilo elegante y efectivo que imprimió en las primeras fechas del campeonato y que tuvo su pico en la goleada ante Independiente. Ahí arrancaron una serie de resultados que dejaron de explicarse en el extraordinario funcionamiento futbolístico y se justificaron en la enorme actitud de un equipo que supo recuperarse en varios momentos adversos.
O, también, mediante distintas genialidades individuales: tiros libres de Leonardo Pisculichi, pelotas paradas con cabezazos de Ramiro Funes Mori —como hoy— o resoluciones bárbaras de Marcelo Barovero.
El cansancio —físico y psicológico— puede ser el gran culpable de la notable merma futbolística.
Y el mal armado del plantel. River tiene once titulares que salen de memoria, que volaron durante la mayor parte del semestre. Y nada más. "Que no se resfríe nadie", se escuchaban por los pasillos de la platea San Martín, mientras el "Millonario" se lucía con alfombra roja, galera y bastón.
Hoy se resfriaron. Teo y Sánchez son irremplazables. Ambos, con las convocatorias a sus selecciones, mostraron la importancia que tienen en el juego que reclama Marcelo Gallardo. Uno le da gol, peso arriba y es un elemento clave en la circulación de pelota. El otro se mueve constantemente. Es imprevisible e imprescindible. Cubre espacios en defensa y los ocupa en ataque.
Ninguno ocupó su rol. River no tiene jugadores que hagan al menos la mitad del trabajo que realizan ellos. Ni en cantidad como en calidad.
Encima, Marcelo Gallardo no se guarda nada. Esta tarde puso como titulares a nueve de los once que probablemente pisen La Bombonera el jueves, en uno de los partidos más importantes de los últimos años. El "Muñeco" no quiere regalar ningún certamen. Pero evidenció tener un plantel: los suplentes no están a la altura de los titulares. Y eso se nota.
La apuesta en el armado del plantel fue darles rodaje a los chicos. Tomás Martínez, Juan Cruz Kaprof, Lucas Boyé, Sebastián Driussi y Giovanni Simeone son nombres que retumbaron en las canchas de inferiores. Sobresalían: los formadores se cansaron de elogiarlos. Pero les falta mucho. Técnicamente son interesantes, pero no tienen la jerarquía para protagonizar dos definiciones de campeonato en simultáneo.
El cuerpo técnico y los dirigentes apostaron mal: River no tiene estructura para lo que se avecina. Deberá ir a La Bombonera con un equipo exhausto, después de dos partidos en cuatro días que demandaron un esfuerzo mucho mayor al planificado. Que tampoco significaron la cantidad de puntos esperada. Llegará a la cancha de Boca tambaleando. Deberá aferrarse a las cuerdas y esperar que alguna de sus individualidades de un golpe de knock out.
En los pies del colombiano y del uruguayo estarán depositadas las esperanzas riverplatenses.
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