San Lorenzo se vistió de fajina y se maquilló para el combate, saltó al escenario rival con la premisa de no arriesgar casi nada, se abroqueló de mitad de cancha hacia atrás, se sostuvo con las atajadas de su arquero, el cada vez más afirmado Nicolás Navarro, y mostró oportunismo para sacar provecho de un ataque aéreo que se gestó a partir de una jugada de pelota parada. Con este plan de juego, merecimientos y propuestas al margen, San Lorenzo se quedó con el clásico ante Huracán, fue 1 a 0, sumó otro triunfo, el quinto en cadena, y llega al domingo como escolta y a tres puntos de Boca.
Huracán tomó la posta del partido. Paró sus volantes en campo rival, marcó el ritmo, sobre todo del primer cuarto de hora, y convirtió al arquero azulgrana en el protagonista principal del clásico.
Un remate de Alejandro Romero Gamarra desde afuera y otro de Mariano González, en la continuidad de la misma acción y con un tiro de esquina en el medio, fueron los primeros avisos de un equipo que siempre estuvo arriba en la tarjeta de las propuestas.
El Ciclón careció, en esa primera etapa, de juego de ataque y casi ni se arrimó. La excepción fue un remate de Franco Mussis, al arco de Marcos Díaz. Sin Néstor Ortigoza disponible, la usina generadora quedó a cargo de un Fernando Belluschi apagado y un Rubén Botta intrascendente. Y con este panorama, Nicolás Blandi siempre quedó muy aislado y sin posibilidad de lastimar dentro del área.
Claro que la tarde tuvo un momento clave que cambió el rumbo del clásico. Fue cuando Juan Azconzábal, tal vez impulsado por el dominio territorial de su equipo, sacó a Daniel Montenegro. Porque enseguida llegó el gol de cabeza de Marcos Angeleri, centro de Ezequiel Cerutti en segunda jugada, y el Globo, ya sin su líder futbolístico, se desinfló y pasó a ser todo impotencia y facilitó la resistencia visitante.
comentar