Se cerró la fecha 14 de la Superliga entre dos equipos con realidades diferentes.
Por un lado San Martín, mirando más allá de la mitad de la tabla y con la posibilidad de ingresar a alguna copa.
En la otra vereda, Tigre, complicado con los promedios y que llegaba con una racha de cuatro derrotas en fila. Fue 0-0, gracias a la actuación de Federico Crivelli, responsable de mantener su valla intacta a lo largo de los noventa minutos. El empate fue un castigo para el local y un premio exagerado para la visita.
De arranque, San Martín comenzó a tener el protagonismo del encuentro. Estaba mejor parado en campo rival y con la pelota en su poder, aunque eso no le alcanzó para ponerse arriba en el marcador.
Las polémicas comenzaron temprano en la noche de sanjuanina, en este caso por un penal que omitió el árbitro cuando Carlos Luna recibió un agarrón de la camiseta, que lo desacomodó y no le permitió conectar el balón dentro del área. También hubo un codazo del mismo Luna sobre Jonatan Goitía, no visto por el juez y otra discusión que tuvo como protagonista al defensor Hernán Caire, quién acumuló varias infracciones y pudo haber dejado al equipo de Victoria con diez.
En el complemento el local apostó por llevarse la victoria y desde los primeros minutos mostró el por qué es tan efectivo como local. Supo incomodar a su rival en varias ocasiones y dominó completamente lo que faltaba del encuentro. Sin embargo, chocó con la enorme figura de Crivelli, que se fue acrecentando con el correr de los minutos.
Primero le ahogó el grito a Vega, después fue el turno de Alvaro Fernández y por último a Goitía, sobre el cierre del partido, tirando la pelota por encima del travesaño.
Con el empate final consumado, el gusto a poco fue para los sanjuaninos por no poder romper el marcador. El de Victoria se llevó un punto, positivo en su lucha por no descender y sobre todo porque pudo cortar una fea racha de cuatro derrotas consecutivas.
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