La humildad y la sencillez del "Vasco", junto a su grupo de trabajo formado por profesionales menores de cuarenta años, hizo sentir muy cómodos a los jugadores desde la primera charla, descontracturó a los que se mostraban incómodos y renovó las expectativas de aquellos que no estaban en carpeta o que habían sumado muy pocos minutos durante los primeros capítulos oficiales de la temporada.
En este último ítem los casos de César Meli, gran figura en el triunfo del domingo, y Nicolás Colazo, en el segundo escalón del podio de los mejores jugando en una posición que no le es habitual, son las muestras más claras para graficar la transformación que se vio, sobre todo en el segundo tiempo, en el partido ante Vélez.
"El entrenador nos cargó de confianza con su mensaje y esto llevó a un cambio de actitud", dijo ayer el propio César Meli, la gran sorpresa que ofreció el primer equipo del Vasco Arruabarrena.
Y como el mediocampista ex Colón, también Mariano Echeverría, otro que rindió ante Vélez, aseguró que "el Vasco hizo hincapié en el compromiso. Nos remarcó pelear cada pelota como si fuera la última. Siempre un cambio de técnico renueva las esperanzas de un plantel. El Vasco demostró que es un técnico que no está cerrado a una idea y que se adapta al plantel que tiene".
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