Cuando todo indicaba que Alemania nos regalaba una goleada después de un primer tiempo en que la Selección mostró su peor cara de desconcierto, el equipo recuperó su forma, asumió riesgos, presionó arriba y jugó en definitiva con una actitud y un relieve que nunca debería abandonar

La Selección Argentina y su cuerpo técnico liderado por Lionel Scaloni y cuyos colaboradores más directos son Walter Samuel y Roberto Ayala deberían saber capitalizar lo que dejó el 2-2 frente a Alemania. Porque hay partidos, no todos, que revelan lecciones de fútbol. Este fue, precisamente, uno de ellos.

¿En qué sentido? En el primer tiempo, la Selección hizo todo lo que no tiene que hacer. Y en el complemento hizo lo que no debe dejar de hacer. Nos referimos al planteo muy contemplativo del primer tiempo y al equipo con más presencia, más aguerrido y comprometido de la segunda etapa. La diferencia expuesta fue notable, más allá de la derrota parcial por 2-0 y de la chapa final 2-2 que se concretó en los últimos 25 minutos del partido.

Quedó claro que fue una estrategia fallida la del arranque. Con la Selección mirando más que jugando. Mirando los desplazamientos y las combinaciones de Alemania, en especial por el lateral derecho donde ni el retroceso de Correa, ni la marca laxa de Tagliafico ni los cierres siempre tardíos de Rojo pudieron neutralizar todas las puñaladas del local. Puñaladas que por otra parte fueron letales, porque finalizaron en los dos goles que parecieron anunciar un escenario muchísimo peor.

5869-ALARIO ARG ALE DORTMUND _result.JPG

En esos 45 minutos, Argentina fue un equipo inexpresivo y tibio. Tan inexpresivo y tibio que le permitió a esta muy renovada Alemania que sigue conduciendo Joachim Low establecer una superioridad efectiva que no estaba en los papeles. Es cierto, hubo méritos de Alemania. No los negamos. Pero existieron franquicias inocultables que le dio Argentina, cuando regaló espacios a espaldas de los volantes, cuando se mostró muy disperso y atomizado en la cancha y cuando se manifestó como un equipo largo y estirado, sin posibilidades de constituir un frente más compacto y agresivo a la hora de presionar y recuperar la pelota.

Esa imagen de la Selección la puso al borde del abismo. O a orillas de un gran naufragio. Porque pareció perdida en el terreno Argentina. Llegando tarde a todas las pelotas. No anticipando nunca. Y comiéndose de manera permanente una superioridad numérica en zonas vitales del campo. Así, claramente se la veía muy cerca de padecer una boleta de alto impacto.

¿Qué pasó en el entretiempo? Cambió por completo la postura de Argentina. Salieron Correa y Rojo (de flojísimo desempeño) e ingresaron Ocampos, autor del golazo del empate y Acuña. Afirmar que Ocampos y Acuña produjeron la gran transformación del equipo sería dejarse ganar por un reduccionismo feroz.

El gol de Alario

Gol de Alario Alemania 2 - Argentina

Fueron influyentes ambos jugadores, pero lo fundamental fue la respuesta colectiva superadora que brindó Argentina. Y en este punto hay que enfocar la lección de la que antes mencionamos. La Selección creció y hasta pudo quedarse con los tres puntos sin que nadie pusiera un grito en el cielo porque interpretó que no podía continuar jugando con la pasividad inentendible que denunció en el primer tiempo, cuando le facilitó la tarea a un adversario veloz y potente que pareció más de lo que en realidad terminó siendo.

Porque en la segunda parte Alemania, presionada en su salida y en el medio, desnudó sus inconsistencias y sus flaquezas para defender los espacios que Argentina con una valorable cuota de decisión fue a buscar. Achicó hacia adelante el equipo que dirige Scaloni. Y lo hizo con convicción. Sin miedo. Sin arrepentimientos. Con determinación. Y con una actitud que, sin ninguna duda, hay que elogiar.

Esta Argentina, la del complemento, es la que tiene presente y futuro. No por el empate que conquistó después de estar dos goles abajo. Sino porque no esperó que le cayera algo del cielo. Es verdad, cuando Alario (espectacular su cabezazo en el descuento) entró por un intrascendente Dybala, ganó en recursos y potencia ofensiva. Se impuso en la zona de definición Alario. Y le sumó una compañía muy valiosa a Lautaro Martínez, hasta ese momento asfixiado por la marca.

El gol de Ocampos

Ocampos le da el empate a la Argentina frente Alemania

Pero reiteramos que el cambio fue estratégico. Presionar arriba para jugar y desequilibrar. Y desequilibró Argentina. Forzó el error de Alemania. Varios errores de Alemania en la salida. Cuando descontó Alario se veía llegar el empate luego de varias oportunidades favorables. Fue un premio a ese empuje inteligente que desarrolló la Selección. No un empuje desordenado y desprolijo.

Por eso mejoró en todas las líneas. Se juntó en la cancha. Y aparecieron los pases de ese muy buen jugador que es Paredes, de De Paul, del fondo parándose lejos del arquero Marchesin, de Acuña exigiendo y colaborando con Tagliafico y del resto asumiendo que era imprescindible mostrarse para tocar y descargar al pie o al espacio.

Valió la pena que la Selección descubra sus errores del comienzo y sus virtudes posteriores. La lección es quedarse con el episodio que logró construir en el segundo tiempo. Esa fortaleza anímica y futbolística que mostró Argentina para empatar un partido con perfume a goleada en contra, tiene que ser un estímulo formidable para mirarse en ese espejo. Y continuar creciendo en esa dirección.

Aparecen en esta nota:

Contacto

Registro ISSN - Propiedad Intelectual: 58849696 - Domicilio Legal: Intendente Beguiristain 146 - Sarandí (1872) - Buenos Aires - Argentina Teléfono/Fax: (+5411) 4204-3161/9513 - internet@dpopular.com.ar

Edición Nro. 15739

Dirección

Propietario: Man Press S.A. - Director: Francisco Nicolás Fascetto © 2017 Copyright Diario Popular - Todos los derechos reservados