Un año y medio de gestión, 60 partidos oficiales sobre los hombros y un título ganado, han dejado a Guillermo Barros Schelotto en su mejor momento como entrenador de Boca, al menos desde los números, con una racha de cinco triunfos consecutivos y la chance de poder llegar a su mejor marca el próximo domingo, cuando reciba a Godoy Cruz de Mendoza, en la Bombonera.
De todas maneras, si nos detenemos en un análisis profundo, se puede decir que los dos últimos cotejos del xeneize no fueron de los mejores, más allá de la victoria, aunque vale también considerar los atenuantes.
Con Lanús, por un campo de juego muy barroso, con mucha agua, que impedía el normal desarrollo del juego. Y ante Brown de Madryn, sintiendo tal vez el cansancio del esfuerzo realizado con el Granate y también algunas ausencias, tuvo un desempeño apenas discreto, con la tranquilidad de no tener que esforzarse demasiado para vencer a Brown de Madryn.
Sin embargo, a pesar de eso, la cuestión es que lleva cinco victorias en fila y con un solo gol en contra, con el agregado de que en los últimos cuatro partidos mantuvo la valla invicta. La racha arrancó en la fecha final del torneo pasado, cuando superó de local a Unión, por 2 a 1; para extenderse en el arranque de esta temporada, con goleada ante Gimnasia y Tiro, 5 a 0, por la Copa Argentina; triunfo 3 a 0 contra Olimpo, de local, en el debut del torneo; y las dos victorias antes mencionadas, contra Lanús y Brown de Madryn.
Una seguidilla que ya tenía un antecedente con el Mellizo durante el torneo que ganó, pero frente a rivales de mayor poderío, y que finalmente fue determinante para ponerse en carrera rumbo al título. Aquella vez, arrancó con un triunfo de visita, 2 a 1, frente a San Lorenzo; siguió con goleada ante Racing, de local, 4 a 2; continuó con otro triunfo resonante en el Monumental, también 4 a 2, ante River; luego con un 4 a 1 con Colón, en La Bombonera, y tras el receso un 2 a 0 frente a Banfield, en el Sur.
La diferencia, más allá de la jerarquía de los rivales, es que a este Boca se lo nota más maduro, sin tantos desequilibrios entre ataque y defensa, con una idea de juego definida e imponiendo supremacía clara sobre el rival. Escenario al que arribó luego de sacarse el peso de ganar el título, con rendimientos individuales que van en crecimiento y con un equipo que, ahora sí, se recita casi de memoria, por más que el DT quiera restarle importancia.
De todos modos, la prueba de fuego estará cuando lleguen los adversarios más fuertes, la que servirá, en definitiva, no sólo para pelear otra vez por este campeonato sino también para saber si está preparado para el objetivo que realmente lo desvela, el de quedarse con la Copa Libertadores 2018.
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