Desde hace 18 años, el Programa Reunir intenta ser un puente para el reencuentro de personas de la comunidad judía que perdieron la pista de familiares o amigos. Anita, Clara y Tomás realizan hoy esa tarea a través de una avanzada red de datos.

Como hija de inmigrantes judíos llegados de Polonia, Clara Rozen se crió en la ciudad bonaerense de San Fernando manteniendo todas las costumbres y legados culturales y religiosos de la fe de sus padres. El papá de Clara era un “sastre de medida fina”, como él se definía, y ella compartió la educación entre la escuela pública y la de la colectividad, que era muy amplia en esa zona del GBA.

Clara tuvo deseos de ser maestra, pero como sus dos hermanas ya lo eran, por temas familiares eligió otro camino. Y por suerte nunca le faltó trabajo como secretaria en el área contable de empresas y estudios, pero siempre estuvo muy cerca de la comunidad.

Un día, en un asado, dos personas hablaban de los trabajos voluntarios que se hacían en AMIA (la Asociación Mutual Israelita Argentina) y cuenta que “charlando, me preguntaron si me interesaría involucrarme en una actividad de servicio que recién estaba surgiendo. Se trataba del Programa Reunir. Hablé con la coordinadora y me incorporé en mayo de 2000, donde integré un grupo junto a otras dos compañeras, Elda Waingortin y Martha Jansenson, que por desgracia falleció hace poco”.

Señala que “así me integré a un trabajo que requiere mucha paciencia, intuición, ingenio y creatividad, tanto que a veces parecemos detectives”, y explica que “todos los viernes, de 10 a 16 horas, nos reunimos aquí desde hace 18 años, y recogemos pedidos de familiares, amigos o personas que quieren reconectarse con gente cuyo contacto perdieron hace años, o que simplemente son parientes y nunca conocieron, siempre dentro de la comunidad”.

Explica que “así, a lo largo de estos años, hemos podido resolver más de 700 casos en forma positiva,” y acota que “la forma de trabajar es por muy distintas vías: mail, Facebook, por carta, llamados, y el contacto puede ser tanto dentro del país como desde y hacia el exterior”.

Como directora del Centro de Documentación e Información sobre Judaísmo Argentino Mark Turkow, Anita Weistein, tiene un papel fundamental en la proyección y desarrollo del Programa Reunir. Anita relata su historia y dice que “yo me recibí de socióloga en la universidad de Jerusalén, donde viví varios años. Mis padres fueron sobrevivientes del Holocausto, también polacos, y en su huída a un destino mejor, recalaron en La Paz, Bolivia, donde yo nací”.

Relata que “al tiempo, vinieron a Argentina, donde yo desarrollé mis otros estudios, y como ya tenía mi título me vinculé al Comité Judío Americano, donde me especialicé como investigadora de todo lo relacionado con la comunidad en el país”. Señala que “al llegar la dictadura, esa área cerró y me vinculé a la AMIA, donde me invitaron a hacer una investigación para concretar una serie de biografías temáticas para el Centro de Documentación e Información. Esto se tradujo en 15 volúmenes sobre distintos aspectos culturales del judaísmo.

Desde esa perspectiva, a comienzos de 2000 Anita - casada, con dos hijos y varios nietos, y sobreviviente del atentado que destruyó el edificio en 1994 - junto a algunos voluntarios generó el Programa Reunir, que funciona en el cuarto piso de la entidad, y que muchas veces fue testigo de emocionantes reencuentros de personas que hacía años no se veían o que aún siendo parientes, no se conocían.

Junto a ellas, también se integró pocos meses atrás Tomás Ofman, mientras que quien tiene una tarea fundamental en el área es Gabriel Feldman, asistente del Centro Turkow, y encargado de la amplia biblioteca que existe en la entidad, y que incluye no solo libros sino recortes, DVD’s, CDs, y material digital.

Israel y Estados Unidos, donde se dan los mayores vínculos

En materia de anécdotas, hay cientas que reflejan cómo a veces la casualidad ayuda a que los encuentros se resuelvan, más allá de las tareas de investigación que llevan mucho tiempo y que incluso hacen que los voluntarios se lleven el trabajo a casa, ya que “no siempre en el horario que tenemos aquí podemos dar con las personas buscadas”, remarca Anita.

Clara resume en un caso el de muchos, y cuenta que “había una chica internada en el hospital, lista para que le den el alta. el problema era que no se podía quedar sola, ya que estaba en una situación muy vulnerable y no tenía parientes. El propio director del hospital nos contactó para ver qué podíamos hacer”.

Señala que “empezamos a averiguar y descubrimos que tenía un hermano en Israel. Hablamos con él, le explicamos la situación y decidió llevarla allá, para que viviera con él” y concluye en que “muchas veces hay que lograr que se den una cadena de favores, la ayuda de afuera es muy necesaria para tener éxito”.

Tanto Clara como Anita y Tomás coinciden en que “hay muchos factores que inciden en que los reencuentros se produzcan o no” y remarcan que “cuando hay un pedido de hallar a alguien, a ese alguien le tenemos que preguntar si quiere reencontrase, porque hay casos en que por temas personales (nuevas parejas, o lo que fuere) prefieren no hacerlo”, y dicen que “en general los mayores casos y vínculos se dan desde y hacia Israel o Estados Unidos, donde está la mayor población judía, aunque hubo casos en Suecia, y en varios países de América Latina”.

“Cuando empezamos a trabajar en este proyecto, todo se hacía de manera manual, con guía telefónica y cuadernos. De a poco pudimos incorporar la tecnología, y eso fue un cambio fundamental”, señalan.

Tomás, el más nuevo del equipo

Partícipe también de la charla, y el más nuevo en esta iniciativa, Tomás Ofman- casado, con dos hijos y dos nietos- hace solo dos meses que está en el Programa y es el primer hombre en vincularse al proyecto. Pero asegura que “ya me habitué a esta tarea que me parece muy importante”.

Su historia dice que nació y se crío en Morón, que es hincha de Racing, y que su padre, un obrero muy humilde, falleció en un accidente. Había llegado desde Polonia, y su madre era de ascendencia lituana, pero ambos con el estigma de haber tenido que huir del horror nazi”.

Tomás señala que “mi padre casi no quería hablar del tema, me fui enterando de a poco, pero estudié en el colegio público y también en una entidad judía” y asegura que “siempre trabajé, al principio en el área metalúrgica y luego en el comercio, donde durante años tuve una librería en Avellaneda, hasta que hace un tiempo me jubilé, y por eso me entusiasmó la idea de hacer una tarea social y comunitaria muy útil en la AMIA, y por eso me sumé al programa de búsqueda de personas.

Al Programa Reunir se puede acudir comunicándose los viernes de 10 a 16 a la AMIA, al 49598865, o escribir al mail reunir@amia.org .ar o buscar en www.amia.org.ar.

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