En la última semana, la justicia federal amplió la restricción de los vuelos entre las 22 y las 7. En esa zona del conurbano bonaerense hay comerciantes que apoyan la reactivación del consumo, mientras que hay denuncias por techos quebrados e impacto ambiental negativo

El Aeropuerto Internacional de El Palomar se afianzó en menos de dos años de operaciones como uno de los más utilizados en todo el país. Con un magnetismo generado por los precios bajos de los pasajes de las dos empresas que operan allí -Flybondi y Jetsmart-, la terminal también se beneficia con las cinco cuadras que la distancia del ferrocarril San Martín, un medio de transporte que no poseen Aeroparque ni Ezeiza. Pero, paralelamente, generó una división entre los vecinos de esa zona del conurbano bonaerense: mientras algunos se muestran a favor, otros rechazan completamente el paso de los aviones por el cielo de Hurlingham, Tres de Febrero, Morón y parte de La Matanza.

Evangelina Zapella vive en Villa Alemania, un barrio que se enmarca en el partido de Hurlingham. Desde que comenzaron a volar las aeronaves aseguró que aparecieron los problemas y la hora del descanso se volvió "una tortura". "Cuando pasan los aviones mi casa tiembla. Es increíble pero mi casa tiembla. Me siento a tomar mate y veo lo cerca que pasan", contó en diálogo con POPULAR, y agregó: "Esta zona siempre fue muy tranquila. Solamente se escuchan los autos de la avenida y, a veces, de vez en cuando, el Hércules, pero ahora es todo el tiempo y más en la noche".

Aeropuerto de El Palomar

La queja de Zapella se une al de Beatriz Rosales, una jubilada que armoniza sus tardes con mates en el jardín y tortas hechas en el horno de su casa. "Me voltearon una parte de la pared. El techo también está caído. Acá se mueve todo, todo. Ya no podés estar tranquila en el patio porque te da miedo que se caiga un avión en cualquier momento", expresa con bronca.

Pero en una caminata por las inmediaciones del aeropuerto, aparecen los contrastes. Comerciantes y habitantes de antaño que observan cambios positivos desde la entrada en funcionamiento de los vuelos comerciales. Una zona que cambió su fisonomía y "atrajo movimiento", sostienen.

"Vendo más. La gente pasa y te pide algo. Siempre", aseveró José, un diariero que tiene su puesto a metros de la entrada, y añadió: "Yo viajo al norte para comprar artesanías y venderlas acá. Me tomo un avión y estoy enseguida. Eso antes era imposible".

"El aeropuerto te da la posibilidad de que tu negocio crezca. A parte, mucho de los que se quejan después vienen y se toman un vuelo. Nosotros lo vemos", aclaró Hernán, un vecino que se definió "acostumbrado al sonido del motor de los aviones".

"El Palomar creció con la base. La base está antes que nosotros acá", añadió.

Aeropuerto de El Palomar

El 26 de agosto pasado, la jueza federal Martina Forns amplió la restricción para las operaciones nocturnas entre las 22 y las 7 del día siguiente. Esa determinación fue apelada por la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) en la Cámara Federal de Apelaciones.

La magistrada hizo lugar a la cautelar solicitada por el abogado Lucas Marisi, integrante de la agrupación Stop Flybondi-No al aeropuerto trucho de El Palomar, quien argumentó el "derecho al descanso" y la "protección del ambiente sano" para los vecinos. De esta manera, Forns otorgó una prórroga de un mes para la entrada en vigencia de la medida, por lo que tiene que entrar en vigencia el 7 de octubre.

"El aeropuerto representa un peligro para todos nosotros", comentó Marisi en contacto con este medio. El letrado subrayó la necesidad de finalizar con el funcionamiento de lo que considera "un aeropuerto trucho que está dentro de una base militar".

El ejemplo de la "revolución de los aviones" que impulsa el ministro de Transporte Guillermo Dietrich encontró en la terminal los dos frentes: la aceptación de los pasajeros de las lowcost y un rechazo vecinal que llegó a la Corte Suprema.

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