Esta gigantesca franja geológica reúne la mayor actividad sísmica y volcánica del mundo y es escenario de algunos de los desastres naturales más poderosos de la historia.

El Anillo de Fuego del Pacífico es la región con mayor actividad sísmica y volcánica de la Tierra. Alrededor del 90% de los terremotos registrados en el planeta ocurren dentro de esta extensa zona geológica, que además concentra cerca del 75% de los volcanes activos del mundo.

La estructura rodea gran parte del océano Pacífico y se extiende a lo largo de unos 40.000 kilómetros. Su actividad permanente explica por qué países como Chile, Japón, Estados Unidos, Indonesia y Nueva Zelanda se encuentran entre los más expuestos a terremotos, erupciones volcánicas y tsunamis.

Aunque suele describirse como un anillo, su forma se asemeja más a una herradura. La franja se inicia en el extremo sur de América, recorre la costa occidental del continente, atraviesa Alaska y el estrecho de Bering, continúa por Asia oriental y desciende hasta Oceanía, conectando cientos de volcanes distribuidos en distintos continentes.

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El anillo de fuego del pacífico visto desde un mapa.

El anillo de fuego del pacífico visto desde un mapa.

Se estima que en esta región existen unos 452 volcanes, activos e inactivos. La enorme concentración de estructuras volcánicas convierte al Anillo de Fuego en uno de los sistemas geológicos más dinámicos y complejos del planeta.

La explicación de esta actividad se encuentra en la tectónica de placas. La superficie terrestre está dividida en grandes bloques que se desplazan lentamente sobre el manto. Cuando estas placas chocan, se separan o se deslizan entre sí, liberan enormes cantidades de energía que pueden provocar terremotos y erupciones volcánicas.

En el Anillo de Fuego convergen varias de las placas tectónicas más importantes del planeta, entre ellas la del Pacífico, la Norteamericana, la de Cocos y la Juan de Fuca. En muchas zonas ocurre un fenómeno conocido como subducción, mediante el cual una placa se hunde por debajo de otra, favoreciendo la formación de volcanes y la acumulación de tensiones sísmicas.

Este proceso geológico ha sido responsable de algunos de los eventos naturales más devastadores de la historia moderna. Entre ellos figuran las erupciones del Tambora en 1815, el Krakatoa en 1883, el monte Santa Helena en 1980 y el Pinatubo en 1991, todas ocurridas dentro de esta región.

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La misma dinámica explica la ocurrencia de algunos de los terremotos más potentes jamás registrados. Los sismos de Chile en 1960 y 2010, Alaska en 1964, Japón en 2011 y Rusia en 2025 forman parte de una larga lista de megaterremotos asociados al Anillo de Fuego, varios de ellos acompañados por tsunamis destructivos.

Uno de los ejemplos más conocidos de esta interacción tectónica es la falla de San Andrés, en California. Esta fractura de más de 1.200 kilómetros marca el límite entre las placas del Pacífico y Norteamericana y ha provocado numerosos terremotos a lo largo de la historia, incluido el devastador sismo de San Francisco de 1906, en Estados Unidos.

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