El secuestro extorsivo y posterior asesinato de Axel generó un fenómeno social, encabezado por su padre, que fue breve pero efectivo a los pedidos de aquella histórica marcha contra la inseguridad. El endurecimiento de penas se aprobó en el Congreso rápidamente pero, una década después, los reclamos se vuelven a hacer sentir. ¿Cambió algo?
Había varias hojas y documentos en esas carpetas que en todo momento llevaba Juan Carlos Blumberg debajo de su brazo. La carátula, la única hoja que se dejaba ver en las entrevistas, reuniones y hasta en la histórica marcha del 1º de abril de 2004, mostraba la sonrisa amplia de un pibe de 23 años, su hijo, asesinado apenas 14 días antes.                                                           

La "Cruzada Axel", esa masiva marcha contra la inseguridad al Congreso, convocó la impensada cifra de más de 150 mil personas. Blumberg exigió allí penas más duras para los delincuentes y entregó a los entonces presidentes de las cámaras de Diputados y Senadores, Eduardo Camaño y Daniel Scioli, respectivamente, un petitorio con un detalle de lo que él creía debía aprobar el Congreso.

Al día siguiente, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, decretó la emergencia en seguridad y desplegó un plan, basado en el refuerzo de efectivos policiales en las calles de todos los municipios bonaerenses. Un plan similar al que, 10 años después, decretó su predecesor Daniel Scioli.

Unos días más tarde, el Congreso trabajó en tiempo récord y aprobó un paquete de proyectos, conocido como "leyes Blumberg", que permitió la modificación del Código Penal, con el correspondiente endurecimiento de penas y condenas. El mismo Código Penal que, 10 años después, un anteproyecto pretende reformar, con la férrea oposición de quienes, en cambio, exigen endurecer aún más las penas.

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La mano dura en las leyes Blumberg

El paquete de leyes que aprobó el Congreso de la Nación incluye la 25.886, que modificó en el Código Penal la figura de los delitos con armas; la 25.882 que modifica el art. 166 del Código Penal y endurece las penas para los robos cometidos con armas, y la 25.891, de servicios de comunicaciones móviles por la cual se instituye un Registro de Usuarios.

Además, la ley 25.892 modificó el artículo 13, 14 y 15 respecto al beneficio de Libertad Condicional para los casos de delitos de prisión perpetua considerados aberrantes, y la 25.893 incrementó las penas para homicidios y violaciones seguidas de muerte.

En términos muy generales, el Congreso aprobó que se estipulara en 50 años la pena máxima de prisión por sumatoria de delitos para un condenado por delitos gravísimos (violación seguida de muerte, secuestro extorsivo seguido de muerte, etcétera).

El saldo para Blumberg, el verdadero impulsor de estas iniciativas, fue más que positivo: la mayoría de los ítems que escribió en su petitorio, que consiguió más de 2 millones de firmas, fueron convertidos en ley.

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Una década después, más penas y olvidos

No es casualidad el vaivén continuo por el que se pasean estos párrafos, entre 2004 y 2014. A 10 años de aquel fenómeno social que significó la irrupción mediática de Blumberg, el pedido de mano dura para combatir el delito y la inmediata sanción de leyes que respondían a aquello, Argentina se vuelve a chocar con la reacción de gran parte de la sociedad que pide (más) mano dura.

Las manifestaciones más exactas y, por tanto, más salvajes de aquella exigencia acaso sean los linchamientos que se reprodujeron en varias ciudades y localidades del país. El repudio ante tales hechos fue expresado por personalidades de la política e, incluso, amedrentado por la presidenta de la Nación. Sin embargo, no fue tan mayoritario como el sentido común (y humanitario) pretendería: muchas otras voces se plegaron a defender a quienes lincharon a los supuestos delincuentes. Algunos no lo justificaron pero dejaron entrever una suerte de justificación, basada en la ausencia del Estado.

El gobernador Scioli decidió poner manos a la obra y responder a ese pedido desesperado de algunos sectores de la sociedad: así, decretó la emergencia en seguridad y convocó a policías retirados a cumplir tareas en dependencias y ministerios públicos, para que los efectivos en ejercicio puedan patrullar las calles.

DiarioPopular.com.ar conversó con Adrián Martín, presidente de la asociación Pensamiento Penal (www.pensamientopenal.org.ar), quien expresó que "el denominado plan de emergencia de 2014 no difiere mucho de otros planes o campañas realizadas en la provincia con desigual magnitud a lo largo de las últimas décadas". Para Martín, no existe un plan como tal "sino una búsqueda de aumentar la impronta represiva del Estado contra el mismo sector social, con un consiguiente incremento geométrico de recursos destinados a tal fin". En este sentido, esta decisión del gobierno bonaerense "no previene el delito ya que sólo reprime al mismo sector social y actúa sobre los hechos consumados realizados por los eslabones más débiles de la estructura social".

-En estos diez años, ¿considera que hubo cambios notables en cuanto a condenas efectivas y lucha contra el delito?

-En primer lugar, habría que desechar todo vocabulario bélico para hablar de cuestiones de delitos y derecho penal. La concepción de lucha o guerra lleva implícita una concepción de amigos y enemigos, de nosotros y ellos, de gente y no-gente. El problema del delito no es algo excepcional, es un hecho social habitual que nos toca a todos de alguna u otra manera. Diferenciar entre un nosotros y un ellos amenazante y peligroso lleva implícito el despojar al otro del estatuto de persona. Ello ha sido la base de cualquier racismo.

Respecto de las condenas desde el año 2004, sin dudas que hubo un gran aumento. La tasa de encarcelamiento argentina ha crecido desde esa época debido al muy importante aumento de penas que se ha originado a través de las reformas acaecidas en el año 2004. Esas modificaciones alteraron gravemente la sistematicidad del Código Penal, lo que ha generado que delitos menos graves conlleven penas de prisión mas severas, o que haya casos de penas tan extensas que sin dudas impliquen que la persona morirá en prisión. 

-¿Cómo se combate el delito sin recurrir a la llamada "mano dura" y su correlato en el Código Penal?

-Hay innumerables planteos para prevenir el delito sin echar mano de la pena. Hay tácticas de prevención comunitaria que implican afianzar la relación de los habitantes de determinadas zonas, que incluso incluyen mediación comunitaria para hechos menos dañosos. Con respecto a la Policía, también se previenen delitos si las gestiones son transparentadas con intervención activa de la población civil y las organizaciones sociales.

Sin dudas, las políticas públicas de inclusión social disminuyen el estado de vulnerabilidad de amplios sectores de la población que los hace alejarse de contextos de ilegalismos para obtener ingresos. La investigación seria y direccionada de delitos complejos relacionado a los grandes mercados ilegales de armas, estupefacientes, autopartes, trata de personas, etcétera, es también un tópico a abordar con urgencia.

-Una de las "leyes Blumberg", la Ley 25.882, endurecía la pena con respecto a la portación de armas. Estadísticamente: ¿qué evaluación hace de esta ley en particular, en estos 10 años?

-Ha generado un mayor índice de prisionización, máxime en la provincia de Buenos Aires en donde se ha insistido con leyes inconstitucionales (algunas así declaradas por distintos tribunales) respecto de restringir las excarcelaciones ante imputaciones con uso de armas. 

No existen estadísticas muy confiables que desagreguen esta cuestión, pero la cotidianeidad del trabajo judicial da cuenta que ha habido una mayor cantidad de condenas a encierro efectivo por estas figuras pero que, coetáneamente, no ha habido una política acorde para controlar la distribución de armas en el mercado ilegal.

Juan Carlos Blumberg y los cinco minutos de fama

Los de Blumberg fueron más de cinco minutos, es cierto, pero el huracán que parecía llevarse a políticos, periodistas y jueces por delante tuvo su mayor algidez en esa histórica marcha que iluminó el Congreso.

Blumberg después participó de comisiones y hasta tuvo el privilegio de fiscalizar las sesiones en las que se debatieron las leyes que llevan su nombre desde uno de los palcos. También, y en el medio de la euforia por la exigencia de justicia, pidió la palabra y tuvo que ser advertido de que sólo los legisladores pueden dirigirse a la Presidencia de las cámaras.

Después de que se aprobaran aquellas leyes, sucedió lo que varios vaticinaron: en 2007, el papá de Axel se presentó como candidato a gobernador bonaerense acompañando la postulación presidencial de Jorge Sobisch.

Actualmente, poco y nada se sabe del mentor de las leyes que podrían desaparecer de la mano del nuevo Código Penal. Si bien sigue trabajando en la fundación que lleva el nombre de su hijo, sus apariciones públicas se fueron espaciando hasta casi pasar inadvertido, excepto cuando el escándalo del título lo sacudió: el ingeniero Blumberg pasó a ser sólo Blumberg, porque él mismo reconoció que jamás se había recibido, pero que como en su empresa lo llamaban así, "quedó".

Algún medio publicó el resurgimiento de este hombre canoso y ojos chiquitos, el años pasado, cuando fue tentado otra vez por la política y se candidateó como diputado por el partido "El Movimiento".

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A su hijo Axel lo secuestraron la noche del 17 de marzo de 2004, cerca de la casa de su novia en Martí nez.

Recién al día siguiente, Blumberg recibió llamados extorsivos en los que le exigieron un rescate inicial de 50.000 pesos, pero la noche del 22 de marzo se pactó un pago de 14.500 en una estación de servicio de General Pacheco.

El dinero nunca fue entregado porque la banda fue interceptada por la Policía, hubo un tiroteo y los secuestradores escaparon en un auto blindado que le habían robado a otro secuestrado.   


La banda planeaba liberar a Axel luego de ese tiroteo, pero el joven escapó de su lugar de cautiverio, en Moreno, fue recapturado y, como les vio las caras a sus captores, éstos decidieron ejecutarlo de un balazo en la cabeza en un descampado de La Reja, donde su cadáver apareció el 23 de marzo de ese año.

Los que volvieron a verlo a Juan Carlos Blumberg aseguran que, todavía, los ojos se le llenan de lágrimas cuando habla de Axel, su único hijo, que hoy tendría apenas 33 años.

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