Especialista sostiene que la medida dispuesta por el Gobierno porteño es "controversial" dado que "está bien acompañar" pero establecer un permiso de salida "no tiene criterio gerontológico"

La medida que establece que las personas mayores de 70 años deberán tramitar a partir de mañana, por teléfono, un permiso para poder circular en la Ciudad de Buenos Aires generó polémica y múltiples cuestionamientos.

Los adultos y adultas mayores de 70 años tendrán que comunicarse al teléfono 147, donde un operador buscará intentar disuadirlos de salir a la calle y les planteará la asistencia de parte de una red de voluntarios. Si aún así se mantiene el pedido por parte de la persona mayor para poder circular, el operador telefónico le solicitará el número de DNI y dará un código de trámite que habilitará la salida a la calle. Cabe destacar, la iniciativa no prevé multas.

Consultada por este diario, la investigadora del CONICET y directora de centros de investigaciones en Derecho de la Vejez de distintas universidades argentinas Isolina Dabove sostuvo que la iniciativa dispuesta por el Gobierno porteño "es controversial porque tiene una parte positiva, bien intencionada; pero hay una segunda parte que es el modo de implementación, que está equivocada y hasta absurda".

En este sentido consideró que "está bien acompañar, lo que tiene que ver con el programa de voluntarios, habilitar a personas a ofrecer ayuda a adultos mayores que lo necesiten", como para la compra de alimentos o medicamentos, "pero la cuestión es que se impuso a los mayores la obligación de tener que llamar al 147 para pedir permiso para salir".

"Esa implementación (del permiso de circulación) no tiene nada que ver con lo que es una persona mayor ni tampoco tiene que ver con el respeto de la autonomía personal ni con los derechos fundamentales de esta persona. Se partió de un concepto falso de vejez", manifestó la profesional.

"Todo el estamento que tiene en sus manos la decisión de políticas de atención y acompañamiento, de cuidado en sentido amplio hacia el sector en riesgo que son las personas mayores, lo hace sin criterio gerontológico y sin consultar a especialistas en la materia. Tampoco se pusieron a pensar qué es lo que hubiera querido la persona mayor de su red afectiva o uno mismo siendo adulto mayor", señaló Dabove, quien dirige el Seminario Permanente de Investigaciones sobre Derecho de la Vejez de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el Centro de Investigaciones en Derecho de la Vejez de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y la Maestría en Derecho de la Vejez de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

En tanto, la profesional destacó que desde los grupos que dirige y las ONG’s que integra como la Red Internacional para la Prevención del Abuso y Maltrato en la Vejez (INPEA, por sus siglas en inglés) y la Red de Profesionales de Derecho de la Vejez "apoyamos la implementación de medidas de acompañamiento y asistencia a las personas mayores pero solicitamos que se deje de lado el mecanismo inquisitivo del permiso de circulación".

"Se los infantilizó"

Al respecto destacó que "una mujer o un hombre mayor toman decisiones, están acostumbrados a manejarse, tienen criterio no solo para sí mismos sino para llevar adelante un proyecto de vida o una empresa, cómo se le va a plantear que todos los días tienen que llamar por teléfono para ver si la habilitan a salir".

"Por suerte se fue entendiendo (dado los cuestionamientos realizados por distintos profesionales) y se fue suavizando la medida", indicó.

Asimismo opinó que con la iniciativa "se homogeneizó" a la población adulta mayor, siendo el grupo más heterogéneo. También señaló que "se los infantilizó y hay una sobreestimación de la necesidad de ayuda".

En tanto destacó que "lo negativo es el aislamiento social en cuanto a lo psíquico, cuando uno lleva solo muchos días, en cumplimiento de la cuarentena para cuidarse uno y por el cuidado social, y llega un momento en que todos nos vemos afectados, sin poder hablar con alguien físicamente".

"Hay que hacer foco en campañas de prevención y acompañamiento que no es lo mismo de intervención en las decisiones de las personas", aseguró.

Vejeces

Ante este panorama afirmó que se pone "una cuestión importante sobre la mesa, a nivel mundial, que es la problemática de la vejez, los derechos de las personas mayores y sobre todo nos hace repensar la cuestión de los cuidados y apoyos, y que importante es esto para las políticas públicas y las decisiones personales".

En este punto la profesional sostuvo que "el tema es debatir qué significa cuidar, asistir, cómo ejercer el papel de apoyos" y no caer en "la homogenización de medidas frente a una población que es completamente diversa, por eso se habla de vejeces".

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