Claro que, en primer lugar, hay que tener en cuenta las recomendaciones generales, sobre todo los relacionadas con la posibilidad de tormentas eléctricas; si flamea la bandera negra, lo guardavidas impulsarán a todos a abandonar el mar y los sectores húmedos del suelo arenoso. Pero si sólo se trata de nubes, lloviznas y amenazas de chaparrones, no hay que tardar en arrancar con los planes de recreación.
El fútbol playero está recuperando algo del entusiasmo perdido en los últimos años; históricamente, la pelota fue un compañero infaltable en los petates de playa y, los más veteranos, recuerdan que religiosamente, al caer la tarde, se armaban los distintos partidos a lo largo de toda la franja costera. Los tres kilómetros de extensión de la bahía de Punta Mogotes, ofrecían una postal magnífica de esta costumbre que, la última década había perdido fuerza y que, desde esta temporada, parece renovarse.
Para jugar al fútbol siempre fueron indispensables tres cosas: la pelota, los jugadores y el espacio. Dijimos que todos los grupos van provistos de un balón: en este caso, vale recordar que es preferible elegir pelotas de buena calidad; el peso es fundamental y, en ese rubro, hay que descartar a las de plástico o cuerina, porque seguramente serán controladas mayormente por el viento.
Luego habrá que juntar los jugadores; con cuatro ya podemos empezar a hablar y, de ahí en adelante, siempre es aconsejable juntar un número par para evitar trámites desparejos que le quiten atractivo al desafío. Cinco contra cinco, ocho contra ocho y hasta diez contra diez, generan los partidos más atractivos. En estos choques numerosos, es indispensable armar un arco de al menos cuatro metros y seleccionar un arquero.
Si el día está feo, habrá menos 'refuerzos' disponibles, así y todo, habrá que estar atentos a todos aquellos paseantes solitarios que se acercan a donde se está armando la cancha con cara de '¿falta uno?'.
Hay quienes además de la pelota llegan con arcos prefabricados: tubos de PVC con codos que se insertan y se clavan en la arena. Estas estructuras son pequeñas y se usan para jugar en la modalidad 'sin arquero'. Pero lo más tradicional es armar los arcos con montañitas de arena, aunque se recomienda -para reducir el margen de los reclamos que nunca faltarán- utilizar ojotas (clavadas en la arena de manera perpendicular) o botellas vacías; también se aceptan bolsos, remeras y hasta viejos palos de sombrillas.
Además, es aconsejable que la longitud de los dos arcos sea definida por el mismo jugador quien deberá separar los palos por la misma cantidad de pisadas (y no pasos, que acarrear diferencias sustanciales).
En cuanto al terreno de juego hay dos corrientes: los que prefieren la arena blanda (para lo que hay que estar en muy buena forma física) y la mayoría que se inclina por las superficies más firmes, linderas a la orilla del mar. Para las dimensiones de la cancha no hay muchas alternativas: de arco a arco de largo y 'cuando la pelota toca el mar' de un lado y 'a la altura de la sombrilla de esa vieja' del otro. A veces, para evitar discusiones, el ancho del campo es ilimitado y vale seguir jugando aún adentro del agua o entre medio de las pertenencias de la vieja que irremediablemente terminará abandonando la playa.
Ahora bien, si trata de un día ventoso hay que tomar algunos recuadros; si el viento sopla de norte a sur (o al revés) entonces es indispensable armar la cancha de manera perpendicular al mar para evitar que en cada tiro al arco desviado haya que tomar un taxi para ir a buscar la pelota.
Por último hay que fijar las reglas generales: a cuánto se juega, ¿con corner? (es más lindo con corner), el lateral ¿con las manos o el pie?. Ya con el partido en marcha aparecen otras normas no establecidas pero siempre respetadas: la pelota se detiene si pasa una mujer embarazada, una familia con niños chiquitos o una o más señoras mayores al grito de '¡alto!'.
comentar