"Moreno está injustamente olvidado”. Eso fue lo que pensó Felipe Pigna a la hora de investigar para escribir “La vida por la patria, una biografía de Mariano Moreno”, el nuevo libro del historiador, profesor y escritor, editado por Planeta. Pigna, con su natural sencillez, calidez y voluntad de docencia nos invitó a su estudio de la calle Neuquén, en el porteño barrio de Caballito
“Moreno siempre fue olvidado y es injusto. Los días de su nacimiento y de su muerte pasan inadvertidos y sólo hay algo de memoria el Día del Periodista, el 7 de junio. Es como Belgrano, que tampoco tiene su día ya que el 20 de junio es el de la Bandera. Los dos son muy ninguneados por la historia oficial.
l ¿Por qué se dan esas diferencias en el tratamiento que les damos a nuestros próceres?
-Creo que es por cierto desprecio a los pensadores. Lo mismo sucede con Alberdi. Celebramos el Día del Abogado, pero nadie recuerda al Padre de nuestra Constitución. Se reconoce sólo a quienes fueron guerreros. Y también hay un culto al éxito. Si bien los pensamientos de Moreno prosperaron, él fue derrotado durante la Revolución de Mayo. El, que era parte de los progresistas revolucionarios de la Junta y pierde en el enfrentamiento con Saavedra, la derecha de la Revolución. La derecha saavedrista se impone y eso termina con el exilio y la muerte de Moreno. Moreno debiera tener su día y recordar que fue el fundador de nuestra Biblioteca Nacional, que impulsó la educación pública, el creador de la jubilación y la dignidad del docente. Además él hacía un periodismo didáctico a través de La Gazeta, donde él publicaba el Contrato Social de Rousseau, por ejemplo. Además hacía leer el diario en templos y cuarteles, sabiendo el alto nivel de analfabetismo que había en Buenos Aires.
l ¿Cómo murió?
-Fue en un viaje a Londres. Murió envenenado por el capitán del barco, George Stephenson. Le dio un medicamento, que en la dosis en que se la aplicó se convirtió en veneno. Se la dio sola en el camarote, sin que allí estuvieran sus compañeros de viaje, Guido y Manuel Moreno. Fue un crimen. Moreno iba a Londres a comprar armas y a buscar el reconocimiento inglés de una posible independencia nuestra. Las armas eran porque se venía la guerra con España, que luego duró catorce años. Ya habían comenzado los combates.
l Elegí un momento de tu nuevo libro.
-Me gustó escribir Las cartas de Guadalupe, su mujer. Son las cartas que ella le escribió a su marido cuando él se había ido de viaje, ignorando que él ya estaba muerto. Cuando ella empezó a escribirle, él ya había muerto hacía diez días. Fueron catorce cartas en cinco meses, hasta que llega la respuesta de que él había muerto. Son cartas muy emotivas, tremendas y a la vez muy importantes para la historia. Ella le pide que no la engañe con una inglesa, fantaseando que no le escribe porque ya tiene otra pareja. Y además le cuenta como retrocede la revolución y el saavedrismo tiraba todo para atrás. Es una excelente crónica de esa época.
l ¿Cómo se dio tu aparición para hacer atractiva la historia? ¿Fue con Pergolini o antes?
-Sí, fue con Mario. Empecé a hacer una columna en “Cuál es?” en Rock and Pop. Era de media hora y después se extendió. A la gente le encantaba. A veces los taxistas me cuentan que dejaban de subir a un pasajero para que no les interrumpiera mi columna. Me emociona que dejaran de ganar dinero para escuchar un relato histórico. Fue ahí cuando empezamos a pensar en hacer en televisión “Algo habrán hecho”. Fue mi lanzamiento a la fama, sin escalas, violento. El lunes salió el programa, midió 25 puntos de rating y el martes yo era una persona popular. Me tocaban la bocina por la calle. Impensado. Antes había tenido algunos programas en canal 7, pero nada parecido a lo que genera un prime time en un canal líder (la primera temporada en El Trece y las otras dos en Telefé). Con Mario estamos orgullosos de ese programa. Dejó huella.
l ¿Te quedó alguna anécdota de esas filmaciones?
-Sí, claro. Empezamos a grabar en Londres con 14 grados bajo cero. Nos moríamos de frío. El problema era la continuidad de vestuario. Teníamos que estar igual de abrigados de como estábamos en la escena de Buenos Aires. Nos congelábamos. De verdad que se congelaban las cámaras y se agotaban las baterías. Además se enfermó todo el equipo, menos Mario y yo. Tuvimos que contratar ingleses para grabar. Los camarógrafos nuestros estaban todos enfermos. Fue hermoso. Viajamos por toda Argentina, España, Inglaterra, Francia, Chile, Perú... fue una experiencia hermosa.
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