Un cronista de la revista Anfibia se sumergió en el mundo blue y contó cómo operan los actores que se mayor tajada sacan de este negocio

Las cuevas operan en las sombras, en departamentos del centro de Buenos Aires o tras la fachada de un negocio legal (casas de cambio, agencias de turismo, etc). El cronista Alejandro Rebossio logró entrar a cuevas y reunirse con cueveros tradicionales y otros que vieron la oportunidad y montaron una cueva para aprovechar el mercado blue del dólar.

En la Argentina, las cuevas de compra-venta de dólares existen desde los ’70. Los cueveros, además de hacer negocios con el dólar paralelo, son personajes que, entre otras ilegalidades, fugan dinero de empresarios al exterior.

Para evitar salideras, hay cueveros que ofrecen servicio de delivery: le llevan al cliente los dólares hasta su casa. Los transportan ocultos en sobretodos, chalecos especialmente preparados o fajos atados en las pantorrillas. Si son grandes cantidades, en baúles de autos.

Los cueveros tienen su propia jerga: rúcula (los dólares que se venden en las cuevas), lechuga (dólares que se venden en bancos y arbolitos del centro), pescados (clientes apurados o desprevenidos que pagan de más), corretas (intermediarios entre cuevas), etc.

La actividad de la compra-venta de dólar en mercados “paralelos” está penada por ley. En la nota de Anfibia, una revista digital de crónicas y relatos de no ficción, Rebossio toma contacto con algunos cueveros, entre ellos C. L., un abogado de 37 años que lo sumerge en ese submundo y hasta le revela ciertos "problemas" a la hora de operar: "Un problema es que no hay billetes de más de 100 pesos. Cuando llevás pesos, llevás muchos billetes por todos lados".



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