En medio de una de las épocas más difíciles de la Argentina, una familia de empresarios consiguió captar la atención de los niños con productos de primera línea y un club de fans que llegó a tener más de 120 mil socios

En el año 1989, la hiperinflación arrasaba con las empresas y comercios argentinos y el consumo estaba en su peor momento en años. Sin embargo, la recordada Cromy seguía vendiendo sus colecciones de figuritas no sólo en la Argentina sino en varios países limítrofes y conseguía llegar a la nada despreciable cifra de 47 millones de sobrecitos.

El secreto de este éxito no respondía a las licencias que la empresa, dirigida por los hermanos Eduardo y Ariel Stanislavsky había conseguido en los seis años que llevaban operando en el país, sino a un minucioso control del mercado que construyeron con productos de calidad y consulta permanente con un club que, en su momento de apogeo, llegó a tener más de 120 mil socios.

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Los hermanos habían comenzado su carrera en Stani, la compañía que manejaba su tío Arnoldo Stanislavsky y que dominaba el mercado de las golosinas con productos como los chicles Bazooka. Su trabajo allí consistía en generar ideas para nuevos productos dedicados al entretenimiento, pero tras algunos éxitos sintieron que debían encarar su propio proyecto,

Con el advenimiento de la democracia, los hermanos gestionaron una nueva empresa con la que se adentraron en el difícil negocio de las figuritas, una tradición que siempre atrapó a los niños argentinos, y que en ese momento tenía a dos claros ganadores: Ultrafigus y Chapitas, que hacía las recordadas redondas de metal.

A partir de su exitosa experiencia en Stani, los dueños de la floreciente Cromy lanzaron una serie de rompecabezas basados en Titanes en el Ring, el gran éxito de la TV, tras un acuerdo cerrado con el propio Martín Karadagián, gran amigo del Leonardo, el padre de los Stanislavsky.

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Pero todavía faltaba el componente más importante del equipo Cromy: la familia Galdames, compuesta por Horacio y sus hijos Hernán y Xavier, todos ellos dedicados al arte y al diseño gráfico, y que serían determinantes en el éxito de la compañía.

Los primeros éxitos

Cuando los rompecabezas y las láminas de los personajes de Titanes en el Ring les permitieron ganar sus primeros pesos, los responsables de Cromy decidieron encarar su primer álbum de figuritas con una licencia obtenida a partir de Strawberry Shortcake, una serie de tarjetas de salutación publicadas por American Greetings, la número uno de los Estados Unidos.

¿Cómo hacer para destacar por sobre la competencia? Los Stanislavsky siempre buscaron sobresalir y por eso, además de adaptar al personaje como Frutillitas, decidieron perfumar –sí, leyó bien, perfumar- las figuritas para captar al público al que iban dirigidas.

El éxito de éste álbum, sumado al de las series El Auto Fantástico y los Superamigos -que tenía a los personajes de DC Comics como Superman, Batman y la Mujer Maravilla y contaba un novedoso sistema de impresión flúo-, les abrió las puertas del negocio, que dominaron con comodidad durante la siguiente década. Más adelante se incorporaron otros personajes licenciados, como Ositos Cariñosos, Rainbow Brite, Popples, Transformers, Barbie, Rambo, Wuzzles, ¿Quién Engañó a Roger Rabbit?, Jem, Mask, Robocop y los dos títulos con los que capearon la hiperinflación de 1989: Batman y Madballs.

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Sobre ruedas

Pero los Stanislavsky también pisaban fuerte con otro negocio redondo para una época en las no había Internet: los juegos de cartas. Las primeras colecciones, que acompañaron a Frutillitas, fueron dedicadas a los vehículos bajo la denominación de “Match 4” y se convirtieron en un éxito inmediato en todas las escuelas del país, donde los niños comparaban las cuatro características más destacadas de vehículos de todo tipo en busca del más potente.

Pero a los tres años, el resto de las licencias las opacaron gracias a que se plegaron a sucesos masivos del cine y la TV como V Invasión Extraterrestre, Mi Pequeño Pony, El Show de Bugs Bunny, Brigada A, Superhéroes Marvel, She-Ra, Mazinger Z, Robotech, G.I.Joe, Transformers, y todo lo que ponía al aire el Canal 9 Libertad de Alejandro Romay.

Además, también hubo lugar para Star Wars El Regreso del Jedi, Thundercats, Cazafantasmas, Gardfield, Betty Boop, Flavia, Locademia de Policía, Tiny Toons, El Chavo, Dinosaurios, Los Simpson y todo aquellos que se podía imprimir en la nueva planta de La Rioja, provincia por demás favorecida por un decreto firmado por Carlos Menem en 1989 que prometía una gran exención de impuestos a quienes se afincaran allí.

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Sin embargo, ese presidente que le permitió a Cromy descontarse grandes montos y expandirse a otros países, inclusive al difícil mercado de Brasil, dio pie para que ingrese una competencia contra la cual poco pudo hacer: Panini.

Todos los recuerdo juntos

Toda la historia de Cromy, así como también la del pasatiempo de las figuritas en la Argentina, está profusamente narrado por Diego Arandojo en el libro Cromy La Fantasía Hecha Papel, que editó en las últimas semanas el sello Universo Retro, con entrevistas exclusivas a los Galdames y a muchos de los involucrados en la realización de esos mazos de cartas y álbumes que se ganaron el corazón de una generación de argentinos.

“Cromy es la empresa que marcó mi infancia y la recuerdo con muchísimo cariño. Con mi hermano compartíamos los juegos de naipes y álbumes durante la década de los ´80 y hasta comienzos de la del ´90. (…) Pasaron los años y hacia 2001 pudo recuperar una caja en la que guardaba algunos mazos. (…) A partir de este reencuentro empecé a coleccionar naipes y álbumes de figuritas que no había podido tener o que había perdido con el tiempo”, le cuenta a POPULAR Adrián Paglini, editor de Universo Retro una de las alma máter de este proyecto.

“En 2008 decidí crear Universo Retro para desarrollar mis propios juegos de cartas con dibujos de ilustradores argentinos y con personajes enfrentándose en la modalidad “Match 4” como los de Cromy”, agrega.

“En 2016 iniciamos una serie de libros dedicados al ilustrador Jorge de los Ríos y a Carlitos Balá, y que continuaron con el de José Luis García López el año pasado. (…) Indefectiblemente todo esto lleva a la creación de este libro. Cuando me preguntan sobre el origen de Universo Retro, yo contesto: ´Todo nace por Cromy, Cromy es mi guía, yo creo en Cromy´”, cierra riendo.

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