A 231 años de la toma de la Bastilla, los principios y valores de los revolucionarios franceses tienen una absoluta vigencia

El 14 de julio de 1789, los revolucionarios franceses que se oponían al rey Luis XVI tomaron la fortaleza medieval conocida como la Bastilla, en la que solo había siete prisioneros, pero que era el símbolo más acabado de la opresión de la monarquía sobre el pueblo. Aunque fue el ícono y la cuna de las democracias modernas, hoy, en ese lugar solo hay una plaza y un momento que recuerdan la asunción del poder político por parte de los ciudadanos al grito de Libertad, Igualdad y Fraternidad, que se convirtió en universal.

Desde 1880, el 14 de julio es el Día Nacional de Francia y se celebra, no solo en ese país, sino también en casi todo el mundo. Es que los grandes pensadores del Iluminismo francés, sentaron las bases de las repúblicas democráticas y representativas modernas de todo el mundo. En su obra "El Espíritu de las Leyes", Montesquieu establece un principio que sería adoptado por todos los países democráticos del mundo, desde Estados Unidos hasta la Argentina: la división de poderes. Por ello, las repúblicas tienen divididas sus funciones en Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial, lo que permite la interacción y el control entre esas tres funciones con el fin de evitar abusos sobre los ciudadanos por parte de los Gobiernos. Por eso, a pesar de que ya han pasado 231 años de la Revolución Francesa, sus principios y valores conservan absoluta vigencia.

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