
El Vía Crucis de la Ciudad de Buenos Aires se realizó anoche en la Avenida de Mayo y estuvo encabezado por el arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli, quien en su mensaje instó a los argentinos a “trabajar por la reconciliación”.
Debido a refacciones que se están realizando en la Plaza del Congreso, este año el Vía Crucis no partió desde allí como cada año, sino desde Bernardo de Irigoyen y Avenida de Mayo, por lo cual tuvo la mitad de su habitual extensión hasta la Plaza de Mayo, frente a la Catedral de Buenos Aires.
La recreación de la vía dolorosa de Jesucristo -de la que supo participar el hoy papa Francisco en la arteria porteña- congregó a miles de fieles, aunque este año tuvo varios problemas de organización, ya que el tránsito se cortó cuando la ceremonia ya se estaba desarrollando, mientras que el audio no se llegaba a escuchar si no se estaba muy cerca de las estaciones del Vía Crucis.
“A esta plaza llegan muchos con sus testimonios a reclamar sus derechos, nosotros como cristianos traemos nuestra mensaje: sin reconciliación no hay futuro”, sostuvo Poli, en su mensaje en la catedral, luego de encabezar el Vía Crucis desde la cuarta estación, llevando una cruz.
“Si no hay reconciliación no hay futuro, no hay patria y no se abre la puerta del futuro. Insto al pueblo a trabajar por la reconciliación”, sostuvo el arzobispo, quien también hizo mención al friso que está en la catedral y que fue instalado allí luego de 1850, como signo de reconciliación basándose en la historia de José, del Antiguo Testamento.
También aludió al frase pronunciada por Jesús en la cruz antes de morir “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” y a partir de allí “el odio se transformó en amor”.
Luego del mensaje de Poli, se hizo una oración junto al Cristo Yacente y al finalizar hubo un autosacramental, que consistió en una representación del musical Jesús de Nazaret, La Pasión, a cargo del grupo artístico Banuev.
Como es tradicional, el pueblo llevó en andas una cruz penitencial de 15 metros de largo y un peso de 130 kilos, como una expresión de solidaridad a Jesús y muestra de sacrificio.
Al igual que el año anterior y teniendo en cuenta la concurrencia de jóvenes, se sumó otra cruz de iguales características con 140 luces y la cruz penitencial para los niños.
Tras el cierre a cargo de Poli, se dio paso a la representación de la pasión de Cristo, que tuvo lugar en un escenario montado frente a la Plaza de Mayo, donde músicos, cantantes y lectores interpretaron los capítulos de los evangelios que describen la detención, torturas y muerte de Cristo ante una multitud de fieles que aún mantenían encendidas muchas de sus velas.