“Ahora en la pensión vamos a inaugurar una biblioteca y abrir talleres literarios”, manifestó Bedogni.
Activo y diligente, Rubén Bedogni recorre desde temprano las instalaciones de la pensión del Club Estudiantes de La Plata, con una velocidad a escala de la que empleaba en la década del 70 para desbordar a sus marcadores y vulnerar las redes adversarias con la camiseta a bastones rojos y blancos. Ahora, los testigos de esa mezcla de habilidad y potencia transformada en capacidad de organizar, gestionar y conducir, no son jugadores profesionales sino proyectos de futbolistas de entre 13 y 18 años que sueñan llegar con llegar algún día a primera división.
“Pelusa”, el apelativo que le puso una tía cuando era bebé y que lo acompañó a lo largo de su carrera futbolística, es el que también le da notoriedad en la pensión de calle 7 entre 34 y 35, en La Plata, donde dice presente antes de las 8 para llevar a la escuela a los que están estudiando y preparar a quienes más tarde deberán ir a los entrenamientos. Su rol es ejercer la tutela de los chicos que llegan del interior.
Pero el trabajo de Bedogni como coordinador de la pensión “pincharrata” también implica dividir esfuerzos con la similar que funciona en el country del club en City Bell, pero destinada a los chicos de más edad, además de llevar y traer de la terminal a los pibes que van y vienen del interior para probar suerte en Estudiantes.
Los curioso de esta historia es que Bedogni, hombre formado en las entrañas rojiblancas y que fue uno de los delanteros preferidos del recordado entrenador Osvaldo Zubeldía, cuando lo promocionó a primera desde la famosa “tercera que mata”, dirigida por Miguel Ubaldo Ignomiello, empezó a desarrollar su capacidad de organizar, liderar y formar nada más ni nada menos que en Gimnasia y Esgrima de La Plata.
“Tuve la suerte de aprender con Carlos Griguol quien como entrenador le inculcaba a los futbolistas que al lado de una pelota, tenía que haber un libro” precisó Bedogni a HISTORIAS DE VIDA en el comedor de la pensión donde sus asistentes daban los detalles finales para el almuerzo de 35 proyectos de crack.
El vínculo con Griguol comenzó en 1994 y de esa época en el ‘tripero’ recuerda que “hice terminar el secundario al mellizo Guillermo, a (Mariano) Messera, (Leandro) Cufré, (Andrés) Ylliana y (Roberto) ‘Pampa’ Sosa. Al “Colorado” (Facundo) Sava y a Darío Cavallo -añadió- los impulsé a seguir la carrera de psicología social”.
“Griguol sostenía que había que estudiar y tener una formación, cosa que cuando concluyeran sus carrera como futbolistas, tuvieran otro horizonte por delante”, sentenció quien asegura que “el síndrome del retiro es tremendo. Se extraña el vestuario, la adrenalina del fútbol y que ya no te reconozcan como ídolo”, aseveró.
El vínculo con Gimnasia se cortó en 1999 cuando finalizó el ciclo Griguol que le reportó al club tres subcampeonatos y dos terceros puestos en cinco años. Sin embargo, la dirigencia de Gimnasia, a pesar que el propio Griguol pidió para que mantuvieran a Bedogni en el cargo, no requirió de sus servicios que sí fueron apreciados por los archirrivales del Lobo que lo convocaron a trabajar en Estudiantes para que allí aplicara el mismo esquema de trabajo.
“La acción cultural, educativa y social asociada al fútbol es fundamental si se pretende algo más importante en la vida de una institución” remarcó Bedogni, apurado como estaba ya sobre el mediodía por ir a preguntarle a las maestras como anduvieron en el colegio los pibes de la pensión que de la mano de Bedogni, sin quizás imaginarlo, suman puntos importantes para el difícil campeonato de la vida.
Por SERGIO TOMARO
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