Los organizadores estiman que durante todo el día se acercarán 150 mil creyentes, muchos de los cuales iniciaron la vigilia en mayo. Encabezada por el arzobispo Mario Poli, la ceremonia central será a las 11 y habrá misas hasta las 23.

Cientos de miles de fieles visitan el santuario de San Cayetano en el barrio porteño de Liniers para agradecer y pedir por "pan, paz y trabajo", con familias enteras que comenzaron la vigilia hace más de dos meses para ser de los primeros en ingresar a tocar la imagen del Santo de la Providencia, en lo que ellos mismos califican como "una cuestión de fe que no cualquiera puede entenderla".

La Iglesia, ubicada en la calle Cuzco 150, abrió sus puertas en el primer minuto de este miércoles y dejó entrar a los creyentes, que acudieron en forma masiva a manifestar su fe hacia el Patrono del Pan y el Trabajo, unidos bajo el lema "Querido San Cayetano, como pueblo y familia, ayúdanos a ver a Cristo vivo en cada hermano".

La fiesta anual que se celebra cada 7 de agosto tendrá la primera de sus 14 misas a las 4 de la madrugada, mientras que la ceremonia central, a cargo del arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli, será a las 11, a partir de lo cual habrá misa cada dos horas hasta las 23, así como servicio de bendiciones y confesiones de manera permanente, dentro y fuera del templo, actividades que iban a movilizar a unas 150 mil personas, según los organizadores.

Espera de meses

"Desde mayo que nos turnamos y venimos dos días a la semana cada uno para guardar el lugar", confió en la previa Raquel Fernández, una mujer de 75 años que hace 40 es fiel devota del santo, lapso en el cual conoció a varias familias con las que comenzaron este sistema.

En medio de numerosos vendedores ambulantes y puestos con estampitas, rosarios y decenas de adornos con la imagen de San Cayetano que serán adquiridos para ser bendecidos, Raquel, que vive en la localidad bonaerense de Temperley, aseguró que para ella es "un ritual" participar de la vigilia y consideró que acercarse año tras año a la puerta del templo "es una cuestión de fe que no cualquiera puede entenderla".

Sobre sus motivaciones, con lágrimas en los ojos, expresó: "Vengo a pedir por todos esos chicos que hoy están sin trabajo. Veo muchachos que tiran de un carro para poder comer, yo soy jubilada y no puedo ayudarlos mucho. Es muy triste lo que se ve".

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Esperan la llegada de miles de fieles a San Cayetano

Comenzó la vigilia por San Cayetano

A su lado, dentro de la misma carpa, María Isabel interrumpió el diálogo al señalar: "La situación está muy difícil. Este año más que nunca me toca venir a pedir trabajo por gente cercana, aunque también vengo a agradecer que tengamos salud y la posibilidad de venir hasta acá".

La mujer, llegada desde Pablo Podestá, remarcó que "sólo para viajar y comer algo durante el día necesitás tener plata" y explicó que, si bien están desde mayo, la carpa para quedarse a dormir "la armamos hace cuatro noches".

La organización de los fieles impresiona y no deja nada librado al azar. Es así que antes de la medianoche se realizaron dos filas: una fue "la rápida", es decir la que permite que la gente vea la imagen del santo de lejos; la otra, avanzó más despacio pero con una recompensa mayor, que fue la de tocar la imagen del Patrono.

Avelino Portillo, que concurre a esta ceremonia hace 49 años, contó que también empezó la vigilia en mayo junto a otras 15 familias que conoció en la fila en años anteriores. "Hay gente de San Miguel, de Banfield y de Martín Coronado", resaltó el hombre que con sus 74 años llegó a Liniers desde Don Torcuato, Tigre.

"Para mí San Cayetano es todo. Agradezco de corazón haber podido venir. Hay gente que la está pasando muy mal y ni siquiera puede disponer de 200 o 300 pesos para estar acá porque tiene que usar esa plata para alimentar a su familia", afirmó sobre la situación del país.

Y añadió: "Por eso este año vengo a pedir por todos, por todas esas personas que la están peleando como pueden. Por toda la gente que se quedó sin trabajo o que terminó durmiendo en la calle".

En la tercera cuadra de fila que se hizo sobre la calle Bynon, Felicia Paiva guardaba las mantas con las que se cubrió junto a su hija de 13 años que la acompaña "desde que nació" y aseveró: "La crisis llegó a todos lados, por eso vengo a pedir por aquellos que no pueden venir".

Felicia, de 43 años, llegó desde San Fernando y aseguró que en ese distrito "se ve como nunca familias enteras durmiendo en la calle", por lo que insistió: "Por ellos, y con la fe que tengo en San Cayetano, vengo a pedir por todos los que necesitan un techo y un trabajo".

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