Por suerte, la parálisis cerebral que le ocasionó haber nacido prematura, a seis meses de gestación y con un poquito más de un kilo de peso, no le impide reírse. Ni tener ese brillante y rojizo cabello que le cubre la cabecita.
Cuando Yemina Ducrano quedó embarazada de Coty, ya había pasado por la experiencia de parir de manera prematura dos veces: Bautista (que ahora cumple 7 años) y Alma (de 3), nacieron a las 36 semanas de gestación. Pero con su tercera hija fue distinto.
"Desde un primer momento tuve pérdidas y la obstetra me dijo que la placenta venía complicada desde su formación, por lo que el embarazo iba a ser de riesgo", recuerda Yemina, quien tuvo que aceptar que la fecha de nacimiento se decidiera durante el proceso de su embarazo.
La mamá de Coty pasó en reposo los primeros meses y cuando tuvo un pico de presión altísimo, debieron internarla. Como ya no había líquido amniótico que preserve a su bebé, los médicos decidieron que nazca cuanto antes y el 5 de abril a las 5 de la mañana, Yemina dio a luz a una "mini" bebé.
"De ahí mismo se la llevaron a la Neo y a las 24 horas estaba muy mal. No hacía pis, no le respondía el corazón. El panorama era muy feo", relata Ducrano en diálogo con Diario Popular. Con el paso de los días, salió del cuadro respiratorio, hizo pis y empezó a mejorar. Pero después tuvo las complicaciones respiratorias de un prematuro, una cardiopatía leve que hizo que a los 20 días la operaran del corazón. También hubo que operarla de la vista. Pero lo más grave fue una hemorragia intraventricular que le dejó la lesión neurológica que hoy sufre: una parálisis cerebral infantil.
-¿Cómo fue que transformaste el dolor en fuerza?
-Yemina Ducrano: Al principio, yo rezaba, sufría al lado de ella... hasta que tomé coraje y, como vos decís, transformé todo eso en fuerza. Fueron tres meses en Neo, tres meses de ir todos los días todo el día... fue duro. Cuando le dieron el alta, yo dormía al lado de ella, pensando si respiraba, qué podía hacer, si iba a poder caminar, si no, si iba a poder hablar. Y no la disfrutaba, porque me la pensaba pensando en todo eso. Hasta que en un momento hice un click y dije 'va a ser lo que tenga que ser'. Y a partir de ahí empecé a ver las cosas de otra forma, a disfrutarla y acompañarla de otra forma, a valorar todos sus logros. Coty es una beba terriblemente luchadora.
-¿Cuándo surge la decisión de hacer el tratamiento de Proliferación Activación de Células Madre?
Durante todo el primer año, yo empiezo a ver que hay familias que empiezan a viajar a China, a hacer campañas. Y empecé a ver resultados, así que hablé con su pediatra. Empezamos a hablar con fundaciones especializadas en patologías neurológicas, hasta que hablamos con China, desde nos pidieron todos los estudios, porque ellos evalúan si la aceptan o no. Nos contestaron que la aceptaban.
Ahí lo empecé a pensar. Como toda idea o sueño, no es que de un día para el otro lo sacás, sino que lo madurás y en un momento decís 'lo hacemos'. Hablé con un montón de papás que viajaron, también.
¿Y cómo fue que decidieron iniciar la campaña?
La iniciamos juntando tapitas, porque veíamos que era la forma en que mucha gente se pueda sumar, sin la necesidad de aportar dinero directamente.
Después abrimos el grupo de Facebook y yo me quedé sorprendidísima con lo que se generó. Me impactó el amor y el cariño de la gente. En estas dos semanas, el grupo tiene casi 2500 miembros. Nos empezaron a llamar de muchos lugares, cada uno poniendo lo que puede desde su lugar. Abrimos una cuenta en el Banco Nación, para darle transparencia.
Lo de las tapitas, en sí, lo iniciamos para juntar voluntades. Pero si sólo nos quedamos con eso, vamos a estar muchísimo tiempo. Te pagan 2 pesos por kilo de tapitas, si no están clasificadas, y clasificadas, 3 pesos. La idea de difundirlo es tocar a personas que nos puedan ayudar de otra forma. La esperanza uno la tiene y yo sé que lo vamos a poder hacer, no sé si en 2 meses o en un año, pero lo vamos a hacer.
¿Qué podés decir que aprendiste y aprendés día a día de Coty?
Constanza me enseñó a ser mejor persona todos los días, me obliga a ser mejor. Ella, sin poder hablar ni hacer un montón de cosas como una persona normal, ha venido a enseñarme lo que es el valor de agradecer por las cosas que tenemos, de disfrutar cada logro, como que se pueda reir a carcajadas, que le pueda pegar a un juguete... cosas que antes lo veía como normal y la vida pasaba.
Hoy por hoy yo aprendí a valorar esas cosas, a no preocuparme por otras cosas que antes me parecían tan importantes y ahora ya no. Cuando se trata de la vida de un hijo, no hay medida para su mejora.
Yo quiero mejorar su calidad de vida. No sé si Coty va a volver de China hablando, caminando... yo me conformo con que ella pueda mejorar su calidad de vida.
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